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Depresión y ansiedad en invierno: mujeres y jóvenes los más afectados

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Los meses de menor luz y bajas temperaturas podría presentar un periodo de mayor vulnerabilidad de la salud mental en algunas personas.

Con la llegada del invierno, no solo cambia el clima, también se modifica nuestro estado de ánimo y para una parte importante de la población chilena, los meses de menor luz solar representan un periodo de mayor vulnerabilidad psicológica.

Desde una perspectiva epidemiológica, los datos nacionales permiten dimensionar este fenómeno con rigor científico. Según las mediciones más recientes de monitoreo poblacional en salud mental, realizadas durante el segundo semestre de 2024 a adultos urbanos de Chile, un 13,7% presenta síntomas moderados o severos de depresión, lo que implica que cerca de dos millones de personas experimentan sintomatología depresiva en el país. En paralelo, la ansiedad alcanza un 25,2% de prevalencia en la población general.

Juan Videla máster en salud mental de la Facultad de Enfermería de la Universidad Andrés Bello, explica que “el invierno actúa como factor agravante. Aunque en Chile no existen cifras oficiales de trastorno afectivo estacional (TAE), la evidencia internacional indica que la reducción de horas de luz altera los niveles de serotonina y melatonina, neurotransmisores clave en la regulación del ánimo y el ciclo sueño-vigilia. En latitudes como la nuestra, donde los días se acortan entre junio y agosto, este mecanismo cobra relevancia clínica, sumado a la menor actividad física al aire libre”.

Mujeres y jóvenes

Además de la naturalidad del clima, otros de los factores relevantes en estos cuadros mentales es la marcada brecha de género. Las mujeres presentan prevalencia de depresión casi el doble que los hombres con 17,4% versus 9,8%, y en ansiedad la diferencia supera los veinte puntos porcentuales, mujeres 35,5% versus 13,4%, lo que aplica por factores
biológicos, psicosociales y culturales que incrementan la carga de enfermedad en esta época.

En el caso de los jóvenes son el grupo más afectado: el 28,9% de los chilenos entre 18 y 24 años exhibe síntomas depresivos, muy por encima del resto de los rangos etarios. Sumado al aumento sostenido de atenciones por salud mental en adolescentes, esto configura una alerta de salud pública que se intensifica en los meses de menor  luminosidad.

“Desde lo clínico, no toda tristeza invernal constituye un trastorno. Pero cuando los síntomas interfieren con la vida cotidiana como dificultad para relacionarse, alteraciones del sueño, pérdida de interés, es imperativo buscar ayuda profesional”, explica el docente.

La fototerapia, la psicoterapia cognitivo-conductual y el tratamiento farmacológico han demostrado eficacia como lo muestra la evidencia científica. “El invierno no debe ser una sentencia para nuestra salud mental, es necesario reconocer los signos de alarma, mantener exposición a la luz diurna y fortalecer las redes de apoyo son acciones que pueden marcar la diferencia entre padecer y transitar la estación con bienestar”, concluye Videla.

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