El proyecto busca entregar datos y evidencia científica a los equipos directivos y docentes, optimizando la toma de decisiones pedagógicas y el diseño de intervenciones de mejora dentro del aula.
Generar evidencia y aportar a través de la experiencia y el conocimiento a otros establecimientos educacionales es el objetivo detrás de ObservatorioEduca, un proyecto del Servicio Local de Educación Pública (SLEP) Santiago Centro nacido para fortalecer la cultura del aprendizaje colectivo, convirtiendo las experiencias del día a día en conocimiento científico aplicable.
ObservatorioEduca es una instancia en la que participan directores de establecimientos, encargados de Unidades Técnico-Pedagógicas (UTP) y docentes. Mediante el diseño y desarrollo de proyectos de investigación se abordan temáticas tales como el fortalecimiento socioemocional en adolescentes hasta el aprendizaje dentro de los establecimientos escolares. El objetivo final de este proceso es sistematizar los resultados para su posterior transformación en artículos y publicaciones orientadas a revistas en educación.
“Este observatorio nace para responder a una necesidad clave de la educación pública: basar nuestras decisiones en evidencia. Queremos dotar a nuestros directivos y equipos de UATP de herramientas de investigación avanzada para que puedan diagnosticar, medir y mejorar los procesos pedagógicos con datos reales de sus propios establecimientos. El liderazgo escolar actual exige innovación y este espacio será el motor de esa transformación”, indicó Paulina Retamales, directora ejecutiva del SLEP Santiago Centro.
Radiografía a la convivencia escolar
Hasta el momento se han presentado 6 proyectos de investigación. Algunos de ellos son:
En el Liceo República de Brasil, integrado por su director Carlos Muñoz, la jefa de UTP Verónica Romo y la asesora técnica Karina Virán. Bajo el título «Fortalecimiento de la convivencia educativa y la resolución dialógica de conflictos en Enseñanza Media», la investigación aborda la vulnerabilidad relacional entre los estudiantes.
Utilizando los datos de la Agencia de Calidad de la Educación, el equipo detectó una «fricción oculta». Aunque el liceo cuenta con protocolos y medidas disciplinarias, el diagnóstico revela que los estudiantes presentaban dificultades en el manejo de sus emociones, la empatía y la inclusión.
Para enfrentar este desafío, el equipo diseñó e implementó ocho talleres formativos con estudiantes de primero a cuarto medio. ¿El resultado de la intervención? El 75,9% de los alumnos evaluados mejoró significativamente su comportamiento y avanzó hacia la resolución pacífica de conflictos.
Mejorar la lectura y escritura inicial
La Escuela República de México aborda la lectoescritura en segundo básico. Según explicó la directora del establecimiento, Pamela Lorca, el diagnóstico tras analizar los datos institucionales del Dominio Lector, revela que un porcentaje relevante de los estudiantes de segundo básico no alcanza el nivel satisfactorio en lecto-escritura (un 37,9% en el 2°A y un 57,6% en el 2°B).
Sin embargo, el gran hallazgo es que el problema no radica únicamente en el rendimiento individual de los estudiantes, sino en la necesidad de generar una respuesta institucional común que fortalezca las prácticas de gestión y el liderazgo pedagógico de los directivos y docentes.
Para resolver este nudo crítico, la escuela propone una estrategia de «investigación-acción» destinada a transformar los datos en decisiones pedagógicas compartidas. A través de un ciclo continuo que incluye planificación, acompañamiento en el aula y monitoreo sistemático, el establecimiento busca unificar los criterios de enseñanza, promover acuerdos comunes entre los profesores y garantizar que todos los estudiantes, sin importar sus trayectorias escolares, consoliden este aprendizaje basal para su futuro educativo.
¿Cómo aprenden las escuelas?: Gestión colectiva
Por su parte, la Escuela República del Líbano, encabezada por su directora Carol Crespo, impulsa una veta de investigación enfocada en la gestión. Su estudio no se centra en el alumno de forma individual, sino en la escuela completa como un «ecosistema vivo» que necesita aprender a mejorar colectivamente.
A través del análisis minucioso de actas de consejos de profesores, trabajo colaborativo y encuestas docentes, la investigación busca mapear qué prácticas facilitan o frenan el crecimiento de la escuela.
El estudio busca determinar que la clave para una mejora escolar sostenible descansa en tres pilares: el liderazgo distribuido (donde todos participan en las decisiones), el desarrollo profesional entre profesores y, fundamentalmente, la «confianza relacional», entendida como el pegamento que asegura vínculos sanos y eficientes en los equipos de trabajo.
Educación en contexto de encierro
El Liceo de Adultos Herbert Vargas Wallis imparte educación a jóvenes y adultos al interior Centro de Detención Preventiva Santiago Sur. Su equipo directivo, encabezado por Cristián Araya, y las unidades de Orientación y Convivencia Escolar, lideran el proyecto “Construcción del Perfil Docente de un Liceo de Adultos en contexto de encierro”.
A través de un censo interno que analizó las trayectorias de sus 41 profesores y 576 estudiantes, se constató que un 52% de los estudiantes registra un paso previo por el Sename y un porcentaje importante arrastra severas brechas de alfabetización.
Por el otro, se detectó una enorme fortaleza institucional: un cuerpo docente con un promedio de 16 años de experiencia, alta estabilidad (el 47,5% lleva una década o más en el recinto) y una inusual presencia de educadores diferenciales (19,5% del plantel) para atender las necesidades especiales.
El liceo utilizó estos hallazgos para diseñar una propuesta de Perfil Docente Institucional que servirá como base para los futuros procesos de selección, inducción y desarrollo profesional. Este nuevo perfil establece cinco pilares fundamentales: donde destaca entender la educación como un derecho humano que no se suspende por la privación de libertad, la capacidad de generar un fuerte vínculo pedagógico con historias de vida fragmentadas y el bienestar docente como una responsabilidad compartida, abordando el desgaste emocional y el estrés crónico que significa educar en contextos de alta vulnerabilidad.