En el Día Nacional del Bombero, especialistas explican cómo el voluntariado fortalece el bienestar psicológico, desarrolla habilidades humanas y contribuye a construir comunidades más cohesionadas.
Mientras gran parte de la conversación pública gira en torno al éxito personal y la productividad, miles de personas siguen dedicando parte de su tiempo a ayudar a otros de manera completamente voluntaria. Lejos de representar solo un beneficio para quienes reciben esa ayuda, especialistas afirman que el voluntariado fortalece el bienestar psicológico, desarrolla habilidades humanas y contribuye a construir comunidades más cohesionadas.
Según el Director del Centro de Análisis y Debate Público de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), Francisco Fuentes, participar en iniciativas de voluntariado favorece la integración entre las personas y fortalece el sentido de comunidad.
«Participar en acciones de voluntariado ayuda a generar cohesión social, promueve la solidaridad, fortalece el compromiso cívico y contribuye al desarrollo del tejido social. A largo plazo, incluso permite visibilizar problemáticas sociales y medioambientales, favoreciendo una mayor participación ciudadana», sostiene.
Desde esa perspectiva, el voluntariado también contribuye a que las comunidades identifiquen con mayor claridad sus necesidades. “En la medida en que hay mayor cantidad de voluntariado en ciertas áreas, aumenta la posibilidad de que las autoridades pongan atención en estas temáticas y se consideren al implementar políticas públicas. Entonces, a mayor participación ciudadana, habrá mejores diagnósticos de qué es lo necesario o qué le interesa a la opinión pública respecto de los temas a solucionar”, añade el académico.
En el plano individual, Fuentes explica que el voluntariado también tiene efectos positivos sobre la salud mental de quienes participan: “Las personas que participan en voluntariados tienen mejores niveles de bienestar psicológico respecto de quienes no lo realizan, porque estos ayudan a potenciar el autoestima, aceptar mejor la vida y darle un significado distinto a la propia existencia”.
Esta dimensión humana también es destacada por el Director Ejecutivo de la Pastoral UCSC, Pedro Macaya, quien explica que el voluntariado no sólo transforma a quienes reciben la ayuda, sino también a quienes la entregan, al generar un proceso profundo de encuentro humano y espiritual.
“Desde la fe cristiana, servir al prójimo es también una forma de encontrarse con Dios. El voluntariado permite descubrir que el amor auténtico es gratuito y que, al entregarse sin esperar recompensa, las personas experimentan una alegría distinta, que transforma la propia vida y ayuda a salir del individualismo”, señala.
Agrega que estas experiencias suelen tener efectos que se extienden más allá del ámbito personal: “Hemos visto que quienes han participado en voluntariados luego aplican lo aprendido en sus espacios laborales y comunitarios, mejorando la convivencia, la responsabilidad social y la forma de relacionarse con otros”.
Finalmente, Macaya subraya que se trata de una formación integral: “El voluntariado no solo beneficia a quienes reciben el servicio, sino que forma personas más humanas, solidarias y conscientes de que la verdadera realización personal se alcanza al poner los propios dones al servicio de los demás”.
En Chile, uno de los ejemplos más representativos de este compromiso es el Cuerpo de Bomberos, institución integrada por miles de voluntarios que dedican su tiempo al servicio de la comunidad sin recibir remuneración. Su labor, que cada 30 de junio es reconocida con el Día Nacional del Bombero, refleja cómo el voluntariado puede convertirse en una forma permanente de servicio a la sociedad.
La estudiante de Enfermería UCSC y voluntaria bomberil, Rocío Riffo, releva el valor que tiene el servicio y la entrega en su labor, “lo que realmente marca la vida de un voluntario de bomberos es la certeza de que cada día puede haber alguien que dependa de ti en sus momentos más vulnerables. Esa conciencia constante de servicio otorga un sentido profundo a la labor, recordándonos que la verdadera fuerza del voluntariado radica en estar presentes cuando la comunidad más lo necesita”.
Así, experiencias desarrolladas en organizaciones comunitarias, pastorales, agrupaciones sociales o el propio Cuerpo de Bomberos muestran que el voluntariado trasciende la ayuda puntual. Se trata de una práctica que fortalece el bienestar de quienes participan, promueve la solidaridad, genera vínculos entre las personas y contribuye a construir comunidades más cohesionadas y comprometidas con su entorno.