Hablar hoy del desarrollo de la Región de Valparaíso exige algo más que enumerar sus capacidades. No basta con decir que somos una región portuaria, agrícola, minera, turística, universitaria e innovadora. Todo eso es cierto, pero también es incompleto si no somos capaces de mirar de frente la realidad que atraviesan nuestros territorios.
Valparaíso es una región de enorme riqueza, pero también de profundas tensiones. Hemos visto cómo las emergencias, los incendios, la presión sobre el empleo, las brechas territoriales, los efectos del cambio climático y las dificultades de muchos emprendedores y empresas han golpeado con fuerza a nuestras comunidades.
Precisamente por eso, el desarrollo sostenible no puede entenderse como una aspiración lejana. Para nuestra región, debe ser una forma concreta de reconstruir confianza y generar oportunidades porque tiene una diversidad productiva, territorial y humana capaz de abrir múltiples caminos de desarrollo. Desde sus puertos y corredores logísticos hasta sus valles agrícolas; desde la actividad minera hasta el turismo; desde las universidades y centros de formación hasta los emprendimientos que nacen en comunas grandes y pequeñas y, por lo tanto, desde donde la miremos, existe una base real sobre la cual construir.
Pero la experiencia también nos ha enseñado que las capacidades, por sí solas, no bastan. Una universidad que investiga sin conexión con el territorio pierde impacto. Una empresa que innova de manera aislada reduce sus posibilidades de crecer. Un emprendedor sin redes enfrenta obstáculos que muchas veces no puede superar solo. Y una política pública que no escucha a los territorios difícilmente logra transformar la vida de las personas.
Ahí es donde el rol de Corfo cobra especial sentido. Nuestro trabajo no se limita a entregar instrumentos de apoyo o financiamiento. Nuestro desafío es articular capacidades, conectar actores y ayudar a que el conocimiento, la innovación y el emprendimiento se transformen en soluciones concretas para la región.
La reconstrucción después de una emergencia abre preguntas sobre nuevas formas de habitar, producir y prevenir; las brechas de productividad nos obligan a acelerar la transformación digital y la incorporación de tecnología; la crisis climática nos empuja a pensar en sostenibilidad, economía circular y eficiencia hídrica; las dificultades de las pequeñas empresas nos recuerdan que el crecimiento debe ser también inclusivo y territorialmente equilibrado.
La oportunidad está precisamente ahí, en dejar de mirar la innovación como algo lejano o reservado para algunos sectores, y entenderla como una herramienta práctica para resolver problemas reales. Innovar también es mejorar un proceso productivo, abrir nuevos mercados, incorporar tecnología en una pequeña empresa, conectar a un emprendimiento con una universidad, fortalecer una cadena de valor local o impulsar soluciones que permitan a un territorio adaptarse mejor a los cambios.
Durante 2025, apoyamos directamente a 79 pymes de la región de Valparaíso a través de distintos programas, con una inversión total de $2.300 millones. Este esfuerzo no solo se tradujo en financiamiento, sino también en acompañamiento técnico, fortalecimiento de capacidades y generación de redes de colaboración.
Y justamente ese es el compromiso que asumimos desde Corfo Valparaíso. Ser un puente entre quienes tienen capacidades complementarias; facilitar el encuentro entre el sector público, las empresas, la academia y los territorios; y empujar una agenda de desarrollo que mire el presente con convicción de futuro. Porque la región de Valparaíso no necesita solo recuperarse de sus dolores.
Necesita transformarlos en aprendizaje, en colaboración y en nuevas capacidades para crecer mejor.