Expertos enfatizan que este medicamento requiere una evaluación clínica integral antes de su indicación y alertan sobre los riesgos físicos y psicológicos asociados a su uso sin supervisión profesional.
El Instituto de Salud Pública (ISP) alertó recientemente sobre la detección de venta de recetas de Ozempic a través de redes sociales, sin evaluación clínica previa, e hizo un llamado a no automedicarse con este fármaco, aprobado únicamente para el tratamiento de la diabetes tipo 2. La advertencia se suma a cifras de la Pontificia Universidad Católica de Chile, que sitúan entre un 7,4% y un 12% la prevalencia de riesgo de trastornos de la conducta alimentaria (TCA) en adolescentes del país, con mayor incidencia en mujeres.
Frente a este escenario, especialistas del Centro CADDA, el único centro de cuidado diurno para pacientes con TCA, advierten que el uso de Ozempic para bajar de peso sin supervisión médica puede implicar riesgos importantes para la salud física y mental.
El médico internista Hernán Leiva, de Clínica Alemana y Centro CADDA, enfatiza que ningún paciente debería iniciar este tratamiento sin una evaluación clínica integral.
«Antes de indicar Ozempic es fundamental revisar los antecedentes clínicos personales y familiares, realizar una evaluación nutricional para valorar el estado antropométrico, detectar posibles trastornos de la conducta alimentaria y planificar un tratamiento integral. Además, es necesario solicitar exámenes como hemoglobina glicosilada (HbA1c), glicemia en ayunas, perfil lipídico, perfil hepático y enzimas pancreáticas para pesquisar condiciones metabólicas que justifiquen su uso y descartar contraindicaciones», explica el especialista.
La nutricionista especialista en TCA y codirectora de Centro CADDA, Pamela Campi, también integrante del equipo CADDA, advierte que el uso de estos medicamentos sin indicación médica ha aumentado, especialmente con fines estéticos.
«Se ha observado un uso indiscriminado de estos fármacos sin indicación médica y con fines estéticos. Entre sus efectos adversos más frecuentes se encuentran síntomas gastrointestinales como náuseas, estreñimiento y distensión abdominal y, en casos más severos, pancreatitis aguda y pérdida de masa muscular», señala.
Desde la salud mental, la psicóloga y codirectora de Centro CADDA Macarena Zuleta, del equipo CADDA, advierte que estos medicamentos pueden dificultar la detección temprana de un trastorno de la conducta alimentaria o favorecer su desarrollo en personas vulnerables. Al disminuir significativamente el apetito, pueden reforzar conductas restrictivas y generar una sensación de control sobre la alimentación, sin abordar la relación que la persona mantiene con la comida y con su imagen corporal.
La especialista agrega que esta disminución del apetito puede hacer que una persona restrinja progresivamente su alimentación sin que ella misma o su entorno perciban la magnitud del problema, retrasando el diagnóstico y el inicio de un tratamiento oportuno.
Por ello, recomienda que familiares y personas cercanas estén atentos a señales como cambios de ánimo, pérdida de peso rápida y sostenida, rigidez con la alimentación, culpa después de comer, reducción progresiva de las porciones u obsesión por las calorías.
El doctor Leiva añade otra advertencia: una pérdida de peso acelerada sin acompañamiento nutricional y ejercicio también puede provocar pérdida de masa muscular, disminución de la densidad ósea, anemia, desnutrición calórico-proteica, fatiga y deterioro del estado nutricional.
Frente a este escenario, los especialistas coinciden en que ningún tratamiento para bajar de peso debería iniciarse ni suspenderse sin evaluación médica, acompañamiento nutricional y apoyo psicológico cuando sea necesario. Un abordaje integral permite prevenir complicaciones y detectar oportunamente problemas de salud física o trastornos de la conducta alimentaria asociados al uso inadecuado de estos medicamentos.