Según explicó, el escenario más complejo se concentrará en el borde costero, donde el sistema frontal llegará acompañado de abundantes precipitaciones, fuertes vientos, marejadas y un período de pleamar asociado al ciclo lunar.
«En el litoral se conjugan factores diferentes que van a interactuar de manera simultánea. Tendremos muchas precipitaciones, viento, marejadas con olas entre 1,5 y 2,5 metros y, además, una condición de pleamar. Eso significa que las rompientes podrían alcanzar entre cuatro y cinco metros de altura, inundando las zonas bajas del litoral y generando una importante erosión de playas», explicó la académica.
La especialista señaló que este escenario representa una especial preocupación para la Región de Valparaíso, donde existen playas arenosas estrechas y numerosos sectores urbanos emplazados muy cerca de la línea de costa.
«Las olas podrían sobrepasar las barreras naturales, erosionar las playas e inundar las costaneras, especialmente en aquellos sectores donde la ocupación urbana se encuentra muy próxima al borde costero», indicó.
Riesgo de inundaciones en la cuenca de Santiago
Pero los efectos del sistema frontal no se limitarían al litoral. María Victoria Soto advirtió que las intensas precipitaciones previstas para varios días consecutivos también podrían reactivar cuencas y zonas inundables en el valle de Santiago.
Entre los sectores que identifica como más vulnerables se encuentra la cuenca del Estero Lampa, cuyo amplio lecho de inundación ha sido progresivamente reducido por el crecimiento urbano.
«El Estero Lampa tiene un lecho de inundación enorme que ha sido muy estrangulado por la urbanización. Con estas precipitaciones es esperable que vuelva a activarse, especialmente en aquellos sectores donde no existen las protecciones fluviales adecuadas», señaló.
La académica agregó que comunas como Lampa, Batuco, Pudahuel y algunos sectores bajos de Colina podrían experimentar anegamientos debido a sus características geomorfológicas.
«Estamos hablando de antiguos humedales y lagunas que fueron rellenados e impermeabilizados. Con precipitaciones de esta magnitud es muy probable que esos sistemas vuelvan a comportarse como originalmente lo hacían, favoreciendo el ascenso de las napas subterráneas y la formación de grandes espejos de agua», explicó.
La especialista recordó que una situación similar ocurrió durante las intensas lluvias registradas en agosto de 2002, cuando extensas áreas volvieron temporalmente a su condición natural.
La planificación territorial sigue siendo el principal desafío
Para María Victoria Soto, estos eventos no deben entenderse como fenómenos excepcionales, sino como parte de la variabilidad climática propia del territorio chileno.
«No estamos frente a un escenario catastrófico ni inédito. Durante la megasequía estas situaciones fueron menos frecuentes, pero hoy estamos retornando a condiciones que forman parte de la variabilidad climática. Lo importante es comprender que estos escenarios seguirán ocurriendo y debemos estar preparados para enfrentarlos», afirmó.
En ese sentido, sostuvo que el problema principal no radica únicamente en el cambio climático o en fenómenos como El Niño o La Niña, sino en décadas de planificación territorial que no han considerado adecuadamente las características geográficas y geomorfológicas del país.
«El gran problema vuelve a ser la planificación del territorio y la planificación urbana, que muchas veces no consideran las condiciones geográficas ni el origen natural de estos espacios. Hay sectores que fueron antiguos humedales o zonas de inundación y que hoy están urbanizados. Cuando ocurren lluvias intensas, esos territorios tienden a recuperar parte de su funcionamiento natural», sostuvo.
Llamado al autocuidado
Frente al escenario previsto para los próximos días, la académica hizo un llamado a la ciudadanía a adoptar medidas preventivas y mantenerse informada.
Entre las principales recomendaciones destacó la importancia de revisar el estado de canales y esteros cercanos a las viviendas, mantener despejadas las vías de evacuación de aguas lluvias y conocer los planes de emergencia comunales.
Asimismo, recomendó que quienes habitan en zonas próximas a cauces naturales o sectores históricamente inundables identifiquen previamente los lugares seguros definidos por sus municipios para actuar oportunamente en caso de emergencia.
«La principal herramienta sigue siendo el autocuidado. Es fundamental conocer el territorio donde vivimos, identificar si estamos en una zona de amenaza y saber cómo actuar si las condiciones se vuelven más complejas», concluyó.