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Crecimiento fintech abre una nueva etapa para la infraestructura de pagos en Chile

Las soluciones vinculadas a los pagos electrónicos y las transferencias de dinero representan el 27,5% de la industria fintech nacional. Ante este crecimiento, el desafío es asegurar que los comercios puedan seguir operando incluso frente a contingencias técnicas.

La industria fintech chilena cerró 2025 con 557 empresas, un 15,3% más que el año anterior, según el Mapa Fintech 2026 elaborado por FinteChile y EY. Dentro de este ecosistema, la categoría de pagos y transferencias —denominada Payments & Remittances en el estudio— se consolidó como la principal vertical, al reunir al 27,5% de las compañías que operan en el país.

Este crecimiento ha ampliado las alternativas disponibles para que los comercios acepten tarjetas, billeteras digitales u otras formas electrónicas de cobro. Sin embargo, para Pablo Joubert, experto en medios de pago y COO de Onyra, las cifras también muestran que el mercado chileno dejó atrás la etapa de adopción masiva y enfrenta ahora un reto diferente: fortalecer la infraestructura que sostiene millones de operaciones cotidianas.

“Chile es hoy uno de los mercados más maduros de América Latina en medios de pago. Hace algunos años, la prioridad era digitalizar el comercio y permitirle cobrar electrónicamente. Ese objetivo está ampliamente conseguido. El paso siguiente es evitar que una contingencia externa interrumpa una venta. Ahí se juega la verdadera madurez operativa”, afirma Joubert.

El aumento sostenido de empresas fintech, establecimientos digitalizados y consumidores que utilizan estas soluciones eleva de manera permanente el volumen de transacciones. Este escenario exige plataformas capaces de responder ante fallas, interrupciones técnicas o períodos de alta demanda.

“Cuando un pago falla, el impacto trasciende lo tecnológico y se convierte en un problema de negocio. Cada transacción rechazada puede significar una venta perdida, deteriorar la experiencia del cliente o afectar la confianza del comercio. La infraestructura debe estar preparada para enfrentar esa complejidad”, sostiene.

En este contexto, la innovación ya no consiste únicamente en incorporar nuevas alternativas visibles para el consumidor. El desafío también está en desarrollar una infraestructura más inteligente y resiliente, capaz de sostener la operación ante contingencias.

“Hoy buena parte de la innovación ocurre detrás del pago, mediante tecnologías como la multiadquirencia, el ruteo inteligente de transacciones o los mecanismos automáticos de continuidad. Estas herramientas permiten que un comercio siga operando incluso cuando alguno de los participantes del ecosistema presenta una indisponibilidad. Son capacidades que ya existen en otros mercados y comienzan a adquirir mayor visibilidad en Chile”, explica Joubert.

Para el ejecutivo, este cambio de etapa también obliga a evaluar la evolución de la industria mediante nuevos parámetros.

“La madurez del mercado ya no se mide solamente por la cantidad de comercios que aceptan pagos electrónicos, sino por su capacidad para mantener cada venta en curso frente a una contingencia. Para un negocio, esa diferencia puede determinar si una transacción se concreta o se pierde”, concluye Joubert.

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