La acelerada incorporación de vehículos eléctricos y la expansión de la infraestructura de carga están llevando al sistema energético a enfrentar nuevas curvas de demanda, haciendo cada vez más relevante la gestión inteligente de la energía.
Santiago, agosto de 2026.- La electromovilidad en Chile continúa consolidándose como uno de los principales motores de cambio en el sistema energético nacional. El aumento sostenido del parque de vehículos eléctricos, junto con la expansión de la infraestructura de carga, está impulsando una transformación que va más allá del transporte y alcanza directamente la forma en que se gestiona y opera la red eléctrica.
De hecho, según el informe de la Asociación Nacional Automotriz de Chile (ANAC), las ventas de vehículos livianos y medianos de cero y bajas emisiones alcanzaron 5.893 unidades en marzo de 2026, lo que representó un salto de 148% frente al mismo mes del año pasado. En el acumulado a marzo, las ventas de este tipo de vehículos llegaron a 11.910 unidades, un 94,1% más que en el mismo período de 2025.
En paralelo, la infraestructura de carga también se está expandiendo. De acuerdo con información de la Superintendencia de Electricidad y Combustibles (SEC), Chile ya supera los 2.000 puntos de carga pública. Este crecimiento supone un desafío adicional: no se trata solo de instalar más cargadores, sino de asegurar que su incorporación sea compatible con la capacidad y operación de las redes eléctricas.
Sin embargo, el desafío comienza a ser menos visible: cómo gestionar cuándo, dónde y cuánta energía demandarán estos nuevos consumos. La carga simultánea de múltiples vehículos puede generar nuevas curvas de demanda, particularmente en determinados horarios y zonas, haciendo necesario contar con mayor visibilidad y capacidad de gestión sobre la infraestructura eléctrica.
“Estamos transitando desde un sistema eléctrico diseñado para una demanda relativamente predecible hacia uno mucho más dinámico. La electromovilidad introduce nuevas curvas de consumo que obligan a repensar la planificación y operación de la red”, señala Ignacio Ugalde, director de Power Systems para Chile, Perú y Bolivia en Schneider Electric.
Y es que el desafío no pasa únicamente por aumentar la capacidad instalada. También requiere gestionar de manera más eficiente la infraestructura existente, anticipar los momentos de mayor demanda y coordinar distintos puntos de consumo. En ese escenario, la digitalización y la automatización adquieren un papel relevante para entregar visibilidad en tiempo real y permitir una operación más flexible.
A nivel país, este proceso se alinea con una meta que Chile mantiene como parte de su estrategia de transición energética: alcanzar al 2035 el 100% de las ventas de vehículos livianos y medianos cero emisiones. El Ministerio de Energía ratificó esta meta al iniciar en 2025 la actualización de la Estrategia Nacional de Electromovilidad, en un escenario donde el crecimiento de la movilidad eléctrica también plantea nuevos desafíos para la infraestructura energética.
“La clave no está solo en sumar más vehículos eléctricos, sino en cómo gestionamos la energía que estos requieren. La digitalización permite tener mayor visibilidad sobre los consumos, anticipar escenarios de demanda y optimizar la infraestructura disponible”, agrega el ejecutivo.
De la infraestructura de carga a la gestión inteligente de la energía
En este escenario, compañías como Schneider Electric han desarrollado soluciones orientadas a enfrentar estos desafíos. Su enfoque en electromovilidad considera la integración de tecnologías que abarcan desde la infraestructura eléctrica y los cargadores hasta plataformas digitales de gestión energética, permitiendo monitorear consumos, analizar el comportamiento de la demanda y coordinar la operación de múltiples puntos de carga.
El desafío será especialmente relevante a medida que la carga deje de ser un consumo aislado y pase a formar parte habitual de edificios, hogares, empresas, estacionamientos y flotas. La integración de estos nuevos puntos de demanda requerirá una planificación que considere no sólo dónde instalar cargadores, sino también cómo operarlos de manera eficiente y coordinada con la red.
“El avance de la electromovilidad representa una oportunidad estratégica para Chile, pero también exige preparar la infraestructura que hará posible su crecimiento. La capacidad de gestionar de manera flexible y eficiente la energía será tan importante como la instalación de nuevos puntos de carga”, concluye Ugalde.