Chile cuenta con normativas y herramientas que permiten aprovechar el agua de lluvia, incorporar vegetación y generar espacios que contribuyan a mitigar posibles inundaciones.
En el contexto del cambio climático y ante la influencia del fenómeno de El Niño, Chile enfrenta episodios de precipitaciones más intensas y concentradas, que han provocado inundaciones en distintas regiones del país. Frente a este escenario, la planificación urbana y la arquitectura pueden contribuir a gestionar el agua dentro de las ciudades, incorporando soluciones como cubiertas vegetales y la protección de ecosistemas que cumplen funciones de regulación hídrica.
Así lo explicó el planificador urbano Simón Villalobos, académico de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Gabriela Mistral. “La lógica de sacar el agua de la ciudad responde a un modelo más utilizado en Norteamérica. En cambio, en el sudeste asiático se ha desarrollado una mirada que busca retener y gestionar el recurso a través de proyectos de arquitectura y paisaje de gran escala”.
En Chile, desde 2019 rige una modificación a la Ordenanza General de Urbanismo y Construcciones para promover el uso de las terrazas verdes en las edificaciones, permitiendo utilizar el 75% como terrazas, vegetación, jardineras o paneles solares. La normativa abre así posibilidades para incorporar infraestructura verde en las cubiertas de los edificios.
El profesor Villalobos ha estudiado la experiencia en Tailandia, donde existen proyectos que incorporan agricultura urbana, gestión de aguas lluvias y espacios públicos en las cubiertas de edificios. Un ejemplo es la Universidad Thammasat, en Bangkok, cuyo campus cuenta con una granja urbana de aproximadamente 7.000 m² integrada a una cubierta verde de unos 22.000 m². El proyecto utiliza agua de lluvia para el cultivo y produce alimentos destinados a los estudiantes de la universidad.
Por otro lado, desde 2020 está vigente la Ley N.º 21.202 de Humedales Urbanos, que establece un marco específico para la protección de estos ecosistemas dentro de áreas urbanas. Según el académico Villalobos, “el reconocimiento de humedales debería ser una de las prioridades para aprovechar y gestionar el agua”.
A su juicio, estos ecosistemas pueden cumplir una función especialmente relevante en sectores donde existen menores recursos para implementar otras soluciones de infraestructura verde. En este contexto, plantea que los llamados “jardines de lluvia” pueden ser útiles, pero que su efectividad depende de su escala y de cómo se integren dentro de una estrategia urbana más amplia.
Villalobos planteó que, frente al fenómeno de lluvias intensas, más que intervenciones puntuales, se requiere una mirada de largo plazo que incorpore fenómenos cíclicos y variaciones en los niveles de agua, como ocurre en los lagos. Un ejemplo reciente es el lago Villarrica, donde las lluvias provocaron un aumento del nivel del agua que afectó sectores de la playa y su infraestructura.
“Más que hablar de riesgos naturales, es importante considerar cómo las decisiones humanas pueden aumentar o reducir la exposición y vulnerabilidad frente a estos fenómenos. Hoy contamos con herramientas y tecnologías que permiten anticipar escenarios y mejorar la planificación de las zonas urbanizadas”, concluyó el académico.