- El Índice Nominal de Costos Laborales registró un alza interanual de 7,9% en mayo, mientras que la tasa de desocupación alcanzó 9,4% en el trimestre abril-junio, 0,5 puntos porcentuales más que en igual período del año anterior. A este escenario se suma el aumento gradual de la cotización previsional de cargo del empleador, que desde agosto equivale al 3,5% de la remuneración imponible y llegará a 8,5% en 2033. Frente a este contexto, Maxxa plantea que las decisiones de contratación o ajuste de dotación deben responder a una planificación financiera y no a medidas improvisadas.
Las pymes chilenas enfrentan una estructura de costos laborales cada vez más exigente. El Índice Nominal de Costos Laborales subió 7,9% en doce meses hasta mayo de este año, en un contexto donde la tasa de desocupación alcanzó 9,4% en el trimestre abril-junio. A esto se suma que, desde abril de 2026, la jornada ordinaria máxima de trabajo se redujo de 44 a 42 horas semanales —con un nuevo tramo hasta 40 horas en abril de 2028—, lo que ha obligado a las empresas a organizar turnos y procesos operativos sin reducir remuneraciones.
Además, desde las remuneraciones de agosto de 2026, la cotización de cargo del empleador creada por la Reforma de Pensiones (Ley N° 21.735) llega a 3,5% de la remuneración imponible de cada trabajador: 2,5% al Seguro Social Previsional —que incorpora el Seguro de Invalidez y Sobrevivencia, ahora recaudado por el IPS—, 0,9% a la nueva Cotización con Rentabilidad Protegida y 0,1% a la cuenta de capitalización individual. Para una empresa con cinco trabajadores que ganan $800.000 de sueldo imponible, el aporte patronal pasa de unos $100.000 a $140.000 mensuales. Pero el calendario contempla alzas graduales durante nueve años, hasta totalizar 8,5% en 2033: en régimen, esa misma empresa aportará cerca de $340.000 al mes, unos $200.000 más que hoy y $2,4 millones adicionales al año.
«El error más común es tomar decisiones de dotación mirando solo el mes en curso. Cuando suben los costos laborales, se acorta la jornada y además hay reformas que se activan en cascada, la pregunta no es si contratar o despedir, sino si la empresa tiene la caja proyectada para sostener cualquiera de las dos decisiones en los próximos seis a doce meses», comenta Felipe Hirane, Chief Financial Officer de Maxxa.
La Séptima Encuesta Longitudinal de Empresas (ELE-7) del Ministerio de Economía estima que solo el 17% de las empresas solicitó al menos un préstamo y que las micro, pequeñas y medianas empresas enfrentan hasta cinco veces más rechazos que las grandes. Las razones más frecuentes son historial crediticio insuficiente, falta de garantías, desorden financiero y desconocimiento de las alternativas disponibles.
“Antes de recortar personal o de congelar una contratación necesaria, hay que separar dos problemas distintos. Un alza de cotización o una reducción de jornada son permanentes: se resuelven en el margen, con precio, productividad o mix, no con deuda. El financiamiento de corto plazo sirve para cubrir el descalce de caja mientras se hace ese ajuste; usarlo para sostener de forma indefinida un mayor costo estructural solo traslada el problema hacia adelante”, señala Hirane.
Qué opciones de financiamiento existen hoy para enfrentar este escenario
Frente a este panorama, las pymes no dependen únicamente de la banca tradicional, cuyos procesos suelen tomar días o semanas y exigir garantías e historial crediticio consolidado. Las fintech, por ejemplo, ofrecen hoy evaluaciones que van de minutos a 24 horas, con procesos 100% digitales y criterios de riesgo más flexibles para empresas sin un historial bancario extenso.
«Las pymes hoy tienen más caminos que antes. El Estado ofrece herramientas como FOGAPE, CORFO y Sercotec, pensadas para entregar garantías o financiar proyectos de más largo plazo, pero sus tiempos y requisitos no siempre calzan con la urgencia real de una pyme que necesita resolver un descalce de caja esta semana, no en dos meses. Ahí es donde el financiamiento fintech, con evaluaciones de minutos y menos exigencias documentales, se vuelve el complemento natural», agrega el ejecutivo.
Lo que se viene: un alivio tributario que no resuelve por sí solo la presión de costos
En paralelo a estas alzas, el escenario tributario para las pymes se mantiene sin cambios inmediatos. Mientras la mega reforma contempla una reducción gradual del Impuesto de Primera Categoría desde 27% a 23% para las empresas del régimen general, esta rebaja no aplica a las compañías acogidas al régimen Pro Pyme. Para ellas, durante 2026 y 2027 se mantiene la tasa transitoria de 12,5%, mientras continúa la discusión sobre avanzar hacia una tasa permanente que entregue mayor certeza tributaria a las empresas de menor tamaño.
«Ninguna pyme puede controlar el ritmo al que suben los costos o cambian las reglas del juego. Lo que sí puede controlar es cuánto se anticipa. Y esa anticipación, más que cualquier medida puntual, es la que termina marcando la diferencia entre una empresa que sobrevive un año difícil y una que lo aprovecha para ordenarse y crecer», concluye el CFO de Maxxa.