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¿Qué pasa si un cliente no paga? Guía para enfrentar la morosidad entre emprendedores

La División formalizó su compromiso con la Mesa Empresarial Público-Privada de Capacitación y Empleo Local, instancia que reúne a empresas, municipios, SENCE, ASIVA y programas públicos, aportando planes de formación propios para estudiantes técnico-profesionales, pescadores y habitantes de Quintero y Puchuncaví.

El atraso promedio en el pago de facturas entre empresas llegó a 21,54 días en 2025 y el 95,7% señala registrar clientes morosos.
Vender no siempre significa cobrar. Para miles de empresas chilenas existe un período entre la emisión de una factura y la entrada efectiva de esos recursos a caja que puede transformarse en una fuente relevante de riesgo financiero.

Los datos muestran la magnitud del problema: en Chile, durante 2025, el 58% de las facturas entre empresas se pagó fuera del plazo legal y el atraso promedio llegó a 21,54 días, frente a los 18,65 días registrados en 2024. Además, el 95,7% de las empresas analizadas presenta clientes morosos. El análisis consideró más de 1,35 millones de facturas emitidas durante 2025.

Para una empresa de gran tamaño, un atraso puede representar un problema administrativo o financiero. Para una pyme, en cambio, la demora o el incumplimiento de un cliente relevante puede desencadenar una crisis de liquidez, impedir el pago de sueldos y proveedores y, en casos extremos, llevar incluso a la quiebra del negocio.

Ese riesgo ha llevado a algunas empresas a incorporar herramientas destinadas a proteger sus cuentas por cobrar y anticiparse a eventuales incumplimientos. Una de ellas es el seguro de crédito, un instrumento cuya adopción sigue siendo limitada en Chile: según antecedentes de ORSAN Seguros, actualmente solo unas 1.800 empresas en Chile cuentan con este tipo de póliza, cifra que representa menos del 5% de las empresas que potencialmente podrían utilizarla.

La baja penetración de los seguros de crédito se produce, además, en un contexto en el que persisten brechas en el conocimiento de las herramientas financieras entre las empresas de menor tamaño. La primera Encuesta de Capacidades Financieras de las MIPYMES, elaborada por la CMF y CAF, mostró que, si bien el 94% de los encuestados conoce al menos un producto financiero y el 78% utiliza alguno, ese conocimiento se concentra principalmente en instrumentos tricionales, como préstamos, líneas de crédito y sobregiros. Entre los productos menos conocidos aparecen seguros empresariales, factoring y leasing.

El mismo estudio situó el índice general de capacidades financieras de las MIPYMES en 64,5%, cifra que disminuye a 63% entre las microempresas. Si bien la medición no aborda específicamente el seguro de crédito, sus resultados dan cuenta de una menor familiaridad con instrumentos financieros más especializados para gestionar y proteger el negocio.
“Muchas empresas conocen las alternativas que tienen para financiar su operación, pero hay menos conocimiento sobre las herramientas disponibles para proteger sus ventas. Una venta a crédito sigue representando un riesgo hasta que el dinero efectivamente ingresa a caja, y ese riesgo puede ser especialmente relevante para una pyme”, señaló Sebastián Navarrete, gerente comercial de Crédito de ORSAN Seguros.
A partir de ello, hay algunas medidas concretas que pueden ayudar a reducir el riesgo de morosidad:
1. Revisar al cliente: antes de vender a crédito, conviene conocer sus antecedentes, comportamiento de pago y capacidad para cumplir con sus compromisos.
2. Evitar la concentración: depender demasiado de un solo comprador puede dejar al negocio expuesto si ese cliente se atrasa o deja de pagar.
3. Evaluar un seguro de crédito: puede ayudar a proteger las cuentas por cobrar frente a determinados incumplimientos y reducir el impacto financiero de una deuda impaga.
4. Hacer énfasis en el seguimiento a las facturas: controlar vencimientos, mantener contacto con los clientes y actuar temprano frente a los primeros atrasos.
En un contexto en el que más de la mitad de las facturas entre empresas se paga fuera de plazo, el desafío para las MIPYMES no pasa solo por financiar su crecimiento, sino también por gestionar mejor el riesgo, anticiparse a posibles incumplimientos y contar con herramientas que permitan proteger las ventas y dar mayor estabilidad al negocio.

 

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