Con las nuevas generaciones como protagonistas, la Fundación Salvador Allende y la oposición conmemoraron 53 años del golpe cívico-militar con la mirada puesta en el futuro y cuestionaron que el Gobierno de José Antonio Kast rompiera, por primera vez desde el retorno a la democracia, la tradición de realizar un acto oficial cada 11 de septiembre. Al homenaje, en el Cementerio General, asistió el expresidente Gabriel Boric.
A 53 años del golpe de Estado que derrocó al Presidente Salvador Allende, la Fundación que lleva su nombre convocó este viernes, junto a los partidos de oposición y sus juventudes políticas, a cientos de personas ante el mausoleo del expresidente en el Cementerio General de Santiago. Encabezada por la ex presidenta del Senado, Isabel Allende Bussi, y por el alcalde de Recoleta, Fares Jadue, la ceremonia contó con la presencia del expresidente Gabriel Boric, la exministra de Defensa Maya Fernández Allende y representantes de siete colectividades juveniles de oposición, que suscribieron una segunda “Carta de la Juventud por la Democracia”. El acto estuvo marcado por el cuestionamiento transversal a la decisión del Gobierno de José Antonio Kast de no realizar, por primera vez desde 1990, ningún acto oficial ni mensaje a la nación para conmemorar la fecha.
En su intervención central, Allende Bussi, explicó que, como Fundación, quisieron dar nuevamente el espacio a las juventudes políticas, tal como ocurrió el año anterior: “Nos gusta su ejemplo, nos gusta la convicción con que han planteado hoy, con fuerza, que su tarea es defender la democracia. Creemos que es el momento en que ellos asuman esa tarea; no queremos transmitirles nuestro dolor, sino la certeza de que ese dolor no fue en vano. Confiamos en que seguirán luchando por hacer esta sociedad más justa, más equitativa y más humana”.
El núcleo de su discurso estuvo en la relación entre memoria, presente y futuro. “No se trata solo de recordar el pasado, como algunos quisieran encerrarnos: se trata del presente y del futuro. Un país sin memoria no tiene futuro”, afirmó, para agregar que la memoria “también significa dignificar a las víctimas, saber lo que pasó, conocerlo a fondo y proyectarnos hacia esa sociedad del nunca más”.
Fue en ese marco que formuló el pasaje más citado de la jornada: “Queremos reconocer a los familiares que aún luchan por saber qué pasó con los suyos, dónde están, para poder rendirles homenaje. Nunca los vamos a olvidar. Y desde aquí decimos con claridad: rechazamos el negacionismo, rechazamos cualquier intento de borrar la memoria y rechazamos indultar a los criminales que asolaron este país”.
Sobre el golpe mismo, fue categórica: “Ese golpe cívico-militar es un crimen y no tiene ninguna justificación: nada podrá justificar jamás el asesinato, la tortura, la desaparición ni el exilio”. Y vinculó esa afirmación con el escenario internacional actual, en el que —dijo— “predomina la fuerza y no la razón”, con potencias que “se sienten con derecho a intervenir e invadir otros países”, algo que calificó de “injustificable”.
Evocó también el legado político de su padre, a quien describió actuando “a contracorriente” de buena parte de la izquierda de los años sesenta: mientras muchos jóvenes creían que el camino era la revolución armada y la toma del poder, Salvador Allende se atrevió a sostener que Chile, con su tradición democrática, debía avanzar “por la vía chilena: el socialismo en democracia, con pluralismo y libertad”, sin permitir jamás que la violencia se instalara como forma de poder.
Consultada por la ausencia de una conmemoración oficial, Isabel Allende fue enfática: “Es un poco extraño que, en el primer retorno a la democracia, no se conmemore de manera oficial —ni siquiera a todos los caídos—, como ocurrió en todos los gobiernos, con excepción de este”.
La exsenadora contrastó la actitud del actual mandatario con la de gobiernos anteriores de distinto signo político: “Es lamentable, porque incluso Piñera, un gobierno de signo distinto, fue capaz de conmemorar a todas las personas que perdieron la vida por la ruptura de la democracia”. Añadió que la actitud del Presidente “retrata algo que ya se vio en la campaña”, en referencia a declaraciones pasadas de Kast que calificó como propias de “un defensor de la dictadura”, y remarcó que un jefe de Estado debiera tener “la altura y la capacidad de entender lo que significó” la pérdida de derechos humanos, algo que —subrayó— “nunca puede justificarse”.
Sobre la eventual concesión de beneficios carcelarios a condenados por violaciones a los derechos humanos, entre ellos el exagente de la DINA Miguel Krassnoff. La hija del expresidente fue categórica al descartar cualquier posibilidad de indulto: “No hay ninguna razón para indultar a criminales que fueron juzgados por tribunales autónomos e independientes, como corresponde a nuestro Estado de derecho, y condenados por sus crímenes. No me puedo imaginar a un Krassnoff en libertad, después de acumular cerca de 800 años de condena por los peores crímenes, por haber sido parte de las más graves atrocidades que ocurrieron en este país”.
Asimismo, El expresidente Gabriel Boric tomó luego la palabra y evocó su propia experiencia generacional: creció, dijo, entre familias de detenidos desaparecidos y libros de historia que “llegaban hasta 1970”, sin mención al golpe. Contó además que ha conversado varias veces con Isabel Allende y recomendó su libro sobre la jornada del 11 de septiembre de 1973, como una puerta de entrada para las nuevas generaciones a la historia reciente del país.
“No estamos en una conmemoración que sea solamente para el recuerdo o la nostalgia: estamos en una conmemoración que también es de futuro. La memoria que se activa en este día es una herramienta de acción política, porque hay que seguir trabajando por los sueños que tuvo Salvador Allende y por los que tuvieron los cientos de miles de chilenas y chilenos que después construyeron la democracia”, sostuvo el exmandatario.
Uno de los momentos centrales del acto fue la lectura de la segunda “Carta de la Juventud por la Democracia”, suscrita por la Juventud Democrática Cristiana, la Juventud Liberal, el Frente Estudiantil del Frente Amplio, la Juventud Socialista, las Juventudes Comunistas de Chile, la Juventud Radical y la Juventud del Partido por la Democracia. El documento, leído por representantes de las siete colectividades, planteó que la democracia “no se agota en una elección ni puede reducirse a la posibilidad periódica de escoger gobernantes”, sino que es también “el derecho a vivir con dignidad, a organizarse, a estudiar, a trabajar, a expresarse y a protestar sin miedo”.
“No aceptamos que la violencia política sea relativizada por las circunstancias de una época, ni que las violaciones a los derechos humanos puedan justificarse en nombre de determinados proyectos políticos. La democracia debe establecer una frontera clara frente a toda forma de violencia de Estado, autoritarismo e intolerancia”, señala la carta, que reivindica en Salvador Allende “la encarnación de la voluntad de construir transformaciones profundas dentro de un horizonte democrático”.
En tanto el alcalde de Recoleta, Fares Jadue, definió el encuentro con una frase que resumió el ánimo de la ceremonia: “Hoy nos convoca el dolor que no se apaga, pero también la dignidad que jamás se rinde”. Además, subrayó que las víctimas de la dictadura no deben ser recordadas “como víctimas derrotadas, sino como la siembra fértil de un Chile más justo”.
“Nos reúnen 53 años de memoria intacta. Hace más de medio siglo, el sonido de las orugas de los tanques y el fuego sobre la casa del pueblo pretendieron borrar un sueño colectivo, silenciar un proyecto de justicia, de vida soberana y democrática hacia la libertad. Pero se equivocaron: no se puede bombardear una idea cuyos cimientos están guardados en el corazón del pueblo”, afirmó el jefe comunal.



