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Cuando escuchar se vuelve difícil: ¿Cuáles son las señales de pérdida auditiva que muchas personas ignoran durante años?

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Especialista advierte que subir constantemente el volumen de la televisión, pedir que repitan las conversaciones o sentirse agotado tras reuniones sociales pueden ser señales tempranas de un problema auditivo. El diagnóstico oportuno es clave para evitar aislamiento y deterioro cognitivo.

Escuchar mal no siempre significa dejar de oír. De hecho, la pérdida auditiva suele instalarse de manera tan gradual que muchas personas conviven con ella durante años sin buscar ayudaofesional. Lo preocupante es que, mientras el problema avanza silenciosamente, puede afectar la comunicación, las relaciones personales y la calidad de vida.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 1.500 millones de personas en el mundo viven con algún grado de pérdida auditiva, una cifra que continúa en aumento debido, entre otros factores, al envejecimiento de la población y a la exposición constante al ruido.

Para Yolanda Maldonado, directora de la carrera de Fonoaudiología de la Universidad Andrés Bello, sede Concepción, uno de los principales desafíos es que las personas no reconocen las primeras señales. “La pérdida de audición rara vez ocurre de forma repentina. Es un proceso paulatino y silencioso que lleva a que muchos individuos se adapten a las dificultades sin percibir que existe un problema. Con frecuencia, los primeros síntomas aparecen en ambientes ruidosos, como reuniones familiares o restaurantes, donde seguir una conversación comienza a ser más complejo”, explica.

La fonoaudióloga señala que, en esta etapa inicial, es habitual atribuir las dificultades a factores externos. “Muchas personas piensan que los demás hablan poco claro o no articulan adecuadamente. También se vuelve común pedir que repitan las frases o aumentar el volumen de la televisión a niveles que resultan excesivos para el resto de la familia”, afirma.

El cansancio que nadie relaciona con la audición

Uno de los signos menos conocidos de una pérdida auditiva incipiente es el agotamiento después de interactuar socialmente. “Cuando la información sonora llega de forma incompleta, el cerebro debe realizar un esfuerzo cognitivo mucho mayor para interpretar los mensajes. Ese trabajo adicional genera fatiga mental, especialmente después de reuniones prolongadas o actividades sociales”, comenta Maldonado.

A ello pueden sumarse los acúfenos o tinnitus, descritos como zumbidos o pitidos persistentes en uno o ambos oídos. “Muchas personas normalizan estos sonidos y no consultan, pese a que pueden ser una señal temprana de daño en las estructuras auditivas”, agrega.

¿Por qué se demora tanto la consulta?

Aunque los síntomas suelen afectar la vida diaria, la mayoría de las personas tarda años en acudir a un especialista. Para la directora de Fonoaudiología UNAB, una de las razones es que tanto el afectado como su entorno desarrollan mecanismos de adaptación. “La familia comienza a hablar más fuerte, repite información o acepta ciertos cambios de manera inconsciente. Esto reduce la sensación de urgencia y hace que la consulta se postergue”, explica.

A esto se suma un factor cultural. “Todavía existe el estigma de asociar los audífonos únicamente con la vejez o con una supuesta pérdida de capacidades. También persiste la creencia de que la pérdida auditiva es una consecuencia inevitable del envejecimiento y que no existen alternativas para mejorarla, lo cual es completamente erróneo”, señala.

La académica agrega que muchas personas desarrollan estrategias compensatorias, como leer los labios o evitar lugares con mucho ruido, lo que les permite continuar con sus actividades cotidianas sin enfrentar directamente el problema.

Quienes deben estar más atentos

Los adultos mayores constituyen uno de los principales grupos de riesgo. “Después de los 60 años deberían incorporarse evaluaciones auditivas periódicas dentro de los controles de salud habituales, tal como ocurre con los chequeos visuales”, sostiene Maldonado.

También requieren vigilancia permanente quienes trabajan en ambientes con altos niveles de ruido, como minería, construcción, industria o espectáculos musicales. “En estos casos es fundamental utilizar protectores auditivos certificados y realizar audiometrías de forma regular para detectar oportunamente cualquier alteración”, indica.

La especialista advierte que los jóvenes también están cada vez más expuestos debido al uso intensivo de auriculares. “La recomendación es aplicar la regla del 60-60: utilizar un máximo del 60% del volumen disponible y no superar los 60 minutos continuos de uso. Esta medida simple puede contribuir significativamente a proteger la salud auditiva a largo plazo”, afirma.

Los expertos coinciden en que la pérdida auditiva no debe evaluarse únicamente por cuánto se escucha, sino también por cómo impacta la vida cotidiana. “Una señal de alerta clara aparece cuando las dificultades para comprender conversaciones se vuelven frecuentes, cuando el entorno manifiesta reiteradamente que el volumen está demasiado alto o cuando la persona comienza a evitar actividades sociales por miedo a no entender lo que se dice”, enfatiza Maldonado.

La académica UNAB concluye que un diagnóstico oportuno puede marcar una diferencia significativa en la calidad de vida de las personas. “La rehabilitación auditiva no solo busca mejorar la audición. También contribuye a prevenir el aislamiento social, proteger las funciones cognitivas y garantizar que cada persona pueda participar plenamente en su entorno familiar, laboral y comunitario”, concluye.

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