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Carreras de galgos: una discusión que trasciende el deporte. Por Romy Weinborn Académica Escuela de Medicina Veterinaria Universidad de Las Américas

Se modernizaronsus 1.150 m², incorporando una nueva distribución de las áreas de entrenamiento, salas completamente renovadas, espacios de cowork y una infraestructura que eleva el estándar deportivo de la Región de Valparaíso.

Mesas y sillas plegables, bolsos para picnic, cocinillas y carpas forman parte de la propuesta de la marca, que también cuenta con un showroom en Quilpué para conocer sus productos de cerca.

La división de la estatal licitó un contrato a ocho años que reemplazó la totalidad de sus vehículos diésel por unidades cero emisiones, adelantándose a las metas corporativas de la cuprífera al 2030.

En Chile continúa la discusión legislativa sobre las carreras de perros y sus implicancias para el bienestar animal. El proyecto, actualmente en tramitación, propone modificar la normativa vigente para prohibir y sancionar la organización de estas competencias. El debate contrapone la protección y bienestar de los animales frente a argumentos relacionados con la tradición por parte de un sector de la población, lo que plantea una reflexión más amplia sobre los límites éticos del uso de animales con fines recreativos o económicos.

La iniciativa legislativa propone modificar la Ley N.°21.020 sobre Tenencia Responsable de Mascotas y la normativa N.°20.380 sobre Protección de Animales, incorporando sanciones para quienes organicen, participen o promuevan este tipo de competencias. Entre las medidas contempladas se incluyen penas de presidio, multas e incluso la inhabilidad perpetua para la tenencia de animales en los casos más graves.

Sin embargo, más allá del ámbito legal, la evidencia científica disponible ha puesto en duda la posibilidad de compatibilizar las carreras de galgos con adecuados estándares de bienestar.

Otro elemento que complejiza esta discusión es el contexto en que habitualmente se desarrolla esta actividad. Una parte importante de las carreras se realiza en recintos informales, asociados a apuestas clandestinas y con escasa capacidad de fiscalización. Esta realidad dificulta la trazabilidad de los perros, el control sanitario y la detección de prácticas como dopaje o maltrato.

La experiencia internacional también entrega antecedentes relevantes. Diversos países optaron inicialmente por fortalecer la regulación de las carreras de galgos, sin embargo, tras años de evaluaciones concluyeron que las medidas adoptadas no fueron suficientes para garantizar el bienestar de estos perros y finalmente decidieron prohibir la actividad, el último país que realizó este cambio fue Nueva Zelanda (2026).

La ciencia demuestra que no es posible respaldar actividades que vulneren el bienestar animal. Los animales deben ser reconocidos como seres sintientes, capaces de experimentar dolor y sufrimiento, por lo que ninguna práctica cultural, recreativa o deportiva debería estar por encima de su protección.

La discusión sobre las carreras de galgos nos invita a reflexionar sobre el lugar que ocupan los animales en nuestra sociedad y la capacidad que tenemos de adaptar nuestras prácticas cuando la evidencia demuestra que es necesario hacerlo.

Cualquiera sea el resultado, este debate ya deja una enseñanza importante: hoy el bienestar animal tiene un lugar central en la conversación pública y constituye un criterio que difícilmente podrá quedar al margen de las futuras políticas de protección hacia estos seres.

 

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