Mientras un habitante genera poco más de un kilo de residuos al día durante el resto del año, en torno al “18” esa cifra puede aumentar hasta 8 o 10 kilos. El fenómeno representa unas 30.000 toneladas adicionales de desperdicios a nivel nacional y evidencia el impacto ambiental de los hábitos de consumo durante las celebraciones.
Septiembre transforma las ciudades chilenas. Mientras las fondas abren sus puertas y los hogares aumentan sus compras para celebrar Fiestas Patrias, el consumo se acelera y con ello también crece de manera significativa la cantidad de residuos que generamos. Durante estos días, una persona puede pasar de producir poco más de un kilo de basura diariamente a generar entre 8 y 10 kilos, multiplicando hasta diez veces su generación habitual.
El director de Sostenibilidad de la Universidad Andrés Bello, Javier Viveros Vicencio, explica que este aumento refleja la fragilidad de un modelo de consumo que todavía funciona principalmente bajo una lógica lineal de “usar y botar”.
“A nivel nacional, el incremento representa unas 30.000 toneladas adicionales de desperdicios concentradas en apenas unos días. Para dimensionar el volumen, esa cantidad de residuos permitiría llenar por completo el Estadio Nacional en solo cuatro días. También equivale a duplicar de golpe la recolección diaria de residuos de una comuna grande como Maipú o Puente Alto”, detalla Viveros.
¿Qué es lo que se genera?
La materia orgánica concentra una parte importante de esta avalancha de residuos. Cerca del 58% corresponde a alimentos, mermas y restos de comida, lo que representa unas 17.400 toneladas que terminan en rellenos sanitarios. Allí, al descomponerse sin oxígeno, generan metano, un gas de efecto invernadero con una capacidad de retener calor a corto plazo muy superior a la del dióxido de carbono.
“El impacto asociado al desperdicio de alimentos también puede dimensionarse en términos de emisiones. La huella de carbono de estas toneladas de materia orgánica equivale a sacar a circular más de 2.200 automóviles de combustión durante un año o realizar más de 11.000 vuelos individuales de ida y vuelta entre Santiago y Buenos Aires”, explica el director.
A este problema se suma el uso masivo de productos plásticos desechables. Vasos, platos, bombillas y cubiertos de un solo uso se acumulan en plazas, parques y fondas. Pese a las normativas vigentes, la magnitud de las celebraciones puede superar la capacidad de control y gestión de los municipios, dejando residuos que tardarán siglos en fragmentarse.
Celebraciones más consientes
Para el director de Sostenibilidad de la UNAB, enfrentar este escenario no pasa únicamente por aumentar la cantidad de camiones recolectores o reforzar la limpieza después de las celebraciones. La respuesta de fondo no está en barrer más rápido lo que ya se convirtió en desecho, sino en cortar de raíz la lógica del usar y tirar.
“Celebrar de manera sostenible requiere adoptar decisiones concretas. Entre ellas, planificar las compras domésticas para reducir el desperdicio de alimentos, exigir que las fondas incorporen modelos de arriendo o retorno de vajilla reutilizable y realizar una correcta segregación de los residuos en los puntos verdes disponibles”, recomienda Viveros.
El desafío de estas Fiestas Patrias no consiste en reducir la celebración, sino en modificar los hábitos que generan una enorme cantidad de residuos en pocos días. “Cuidar la tierra que festejamos no debilita la fiesta: la vuelve viable en el tiempo”, concluye Viveros.