La calidad en salud se define como el grado en que los servicios sanitarios destinados a las personas y a la población incrementan la probabilidad de alcanzar resultados de salud deseados, de conformidad con los conocimientos profesionales actualizados.
Abarca dimensiones cruciales como la idoneidad científica, la seguridad técnica, la oportunidad, la equidad y la eficiencia, acompañadas siempre de un trato digno. No se trata de un lujo ni de un adorno administrativo, sino de una exigencia estructural encaminada a minimizar el margen de error inherente a cualquier acto médico.
Cada vez que recibimos una prestación de salud depositamos en manos de profesionales e instituciones la confianza de que esa atención estará libre de daño. Sin embargo, la atención sanitaria no está exenta de riesgos.
Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), uno de cada diez pacientes sufre algún tipo de daño mientras recibe atención hospitalaria, generando millones de muertes anuales en el mundo debido a eventos adversos. Frente a esta realidad, prevenir daños evitables deja de ser un mero postulado teórico para convertirse en un imperativo ético, social y financiero indiscutible.
En Chile, esta urgencia tiene un respaldo normativo a través de la Garantía de Calidad del régimen de Garantías Explícitas en Salud (GES). Su propósito fundamental es asegurar que la atención brindada en todo el territorio nacional cumpla con estándares mínimos de seguridad y efectividad, garantizando equidad tanto en el sector público como en el privado.
El eje central de este modelo radica en la acreditación de prestadores individuales e institucionales. La primera se basa en un registro único que certifica la formación académica de los profesionales de salud, y la segunda es un proceso de evaluación periódico y riguroso fiscalizado por la Superintendencia de Salud.
Mediante este mecanismo se examinan criterios críticos en hospitales y clínicas: respeto a la dignidad del paciente, seguridad del equipamiento, competencias del personal asistencial, registros clínicos y gestión de procesos. En Chile, un establecimiento que no logre la acreditación queda impedido de otorgar prestaciones garantizadas por el Estado, resguardando directamente la vida y la integridad de las personas.
En el marco del Día Mundial de la Seguridad del Paciente impulsado por la OMS, se busca concientizar sobre cómo proteger a las personas en clínicas u hospitales mediante acciones concretas.
Para lograrlo, los centros de salud aplican medidas clave como confirmar siempre la identidad del paciente antes de un procedimiento o de administrar un fármaco, revisar minuciosamente las dosis y vías de los medicamentos y lavarse las manos rigurosamente para prevenir infecciones.
Además, se utilizan listas de chequeo antes de una cirugía para evitar equivocaciones y se promueve un ambiente de trabajo donde el personal de salud pueda reportar fallas abiertamente y sin miedo a castigos, transformando cualquier error en una oportunidad de aprendizaje y mejora constante.
La calidad en salud no se improvisa: se planifica, se mide y se exige. Garantizar procesos acreditados y estandarizados representa una vía fundamental para que la atención médica cumpla su propósito esencial: curar sin lastimar.