Buscar

Las tradiciones no se heredan solas. Por Carmen de la Maza, Directora ejecutiva de Fundación ALMA

El simulacro reprodujo las exigencias formales de evaluación para escolares de cuatro establecimientos locales, en el marco de una alianza formativa con el Preuniversitario Pedro de Valdivia que busca reducir brechas y que acumula 400 beneficiarios en la zona.

Cada septiembre, Chile reaparece en gestos. En una receta aprendida mirando a nuestras madres, en las historias de los abuelos y en una cumbia que reúne a la familia. Basta que suene “El Galeón
Español”, para que alguien cante y los más jóvenes descubran una canción que parecía saber toda la casa.

La chilenidad no está solo en las banderas, la cueca o las empanadas. También vive en costumbres que recibimos de otros y que pueden desaparecer si nadie las comparte. Un trompo, una partida de payaya, un luche dibujado con tiza o una anécdota familiar forman parte de lo que somos.

Los niños y niñas no hacen propias las tradiciones porque las observen una vez al año. Necesitan vivirlas: ayudar a cocinar, aprender un juego, una paya, preguntar cómo celebraban sus abuelos o conocer el relato detrás de una costumbre.

Y aquí los adultos tenemos una tarea. No podemos esperar que los niños valoren aquello que nunca les mostramos. Tampoco sirve imponerlo como una obligación. Hay que abrirles la puerta con cariño, responder sus preguntas y permitir que también creen sus propias versiones.

Estas Fiestas Patrias podemos dejar por un momento los teléfonos, preparar juntos una receta, enseñar el corre el anillo, sacar el trompo o leer un cuento chileno. No hace falta organizar algo perfecto. Hace falta estar presentes.

En Fundación ALMA sabemos que leer, jugar y conversar fortalecen los vínculos y contribuyen al desarrollo infantil. También son maneras concretas de transmitir identidad, afecto y pertenencia.

Celebrar Chile es decidir qué país queremos entregarles. Uno que cuide sus historias, reconozca a quienes estuvieron antes y pueda crear recuerdos nuevos. Porque la chilenidad no se conserva sola: se cuenta, se canta, se juega y se comparte. Y, al heredarse, crea vínculos que ni el tiempo puede romper.

noticias relacionadas

¡Atención! La fragmentación de la Educación Pública será Ley. Por Vicente Sisto y Eduardo González, Centro de Investigación para la Educación Inclusiva

De la utopía al gallinero: La trampa determinista en las lecturas de Marx y la advertencia de Orwell. Por Gregorio Calderón Riquelme Estudiante de Sociología, Universidad de Playa Ancha Terapeuta en Adicciones y Salud Mental

Más plazo para los autos menos eficientes: ¿quién paga la cuenta?. Por Benjamín Carvajal, director ejecutivo de Uno Punto Cinco

La incomodidad de Trump. Por Felipe Vergara Maldonado, Analista político, Director de Postgrados FEN UNAB