“Yo soy católico, respeto a todas las religiones, pero quiero plantear ante este tema porque Chile es un Estado laico y con esto se pierde la neutralidad religiosa, la separación del Estado y la religión.
El Estado siempre debe respetar y proteger todas las religiones, pero eso no significa que deba financiar una determinada fe con los impuestos de todos los chilenos y chilenas. Los recursos públicos deben destinarse a objetivos de interés general y distribuirse bajo reglas iguales, transparentes y sin discriminación religiosa.
Hay familias que llevan más de una década esperando un subsidio y resulta francamente incomprensible que se pretendan destinar 1.000 millones de pesos para levantar 22 iglesias, cuando en Chile son miles las familias que siguen esperando una solución habitacional. ¿Qué diría la ciudadanía si se usara el presupuesto de Vivienda para construir sedes de instituciones particulares?
Respetamos profundamente la libertad de culto y el trabajo de las comunidades religiosas, pero los fondos de la vivienda social tienen un objetivo: la casa propia y el barrio digno, incluyendo las actividades deportivas en esos barrios dignos.”