La Parada Militar de Quillota incorporó este año la participación de los Timbaleros, quienes cautivaron al público con una demostración de destreza ecuestre y musical.
Una presentación inédita vivió este jueves la comunidad quillotana en plena Plaza de Armas, con la participación de los Timbaleros del Regimiento Escolta Presidencial N.º 1 “Granaderos”, quienes fueron parte de la tradicional Parada Militar de Quillota.
Los jinetes sorprendieron al público con una demostración que combinó precisión musical y destreza ecuestre. A lomos de sus caballos, los integrantes de esta unidad interpretaron sus timbales incluso al galope, en una presentación que se convirtió en uno de los momentos más destacados de la jornada.
La actividad comenzó a las 11:00 horas con el tradicional Te Deum en la Parroquia San Martín y, después del mediodía, en la Plaza de Armas recibió la tradicional Parada Militar, que reunió a representantes de las Fuerzas Armadas, Carabineros, veteranos y organizaciones de la comunidad.
La ceremonia contó con la participación del Regimiento Escolta Presidencial N.º 1 “Granaderos”, la Sección de Formación de la Academia Politécnica Naval, el Escalón de Carabineros de Chile, formación Grupo Viña del Mar, la Sección del Cuadro Negro del Ejército, los Timbaleros del Regimiento Granaderos y la Agrupación de Veteranos de la Guerra del Pacífico de 1879.
A estos contingentes se sumó la participación especial del Grupo Folclórico Sin Fronteras de Quillota, que aportó la expresión artística y cultural local a esta tradicional jornada.
Junto a ellos, la ceremonia fue encabezada por Pilar Cuevas, delegada presidencial provincial, y Loretto Court, alcaldesa subrogante, además de concejales, consejeros regionales y Chiara Barchiesi, diputada, entre otros invitados especiales.
La presencia de los Timbaleros de los Granaderos marcó un momento especial para la ceremonia, ya que permitió al público apreciar una disciplina que combina formación militar, dominio ecuestre y talento musical. La ejecución de los timbales sobre los caballos, incluso durante el galope, generó especial atención entre las familias que llegaron hasta el principal espacio público de la ciudad.
La jornada permitió así un nuevo encuentro entre la tradición militar y la comunidad quillotana, con una ceremonia que reunió historia, música, folclor y destreza ecuestre en el corazón de la ciudad.