El efecto tardío de la pandemia en la mortalidad, la creencia de que sin antecedentes familiares no hay riesgo y el impacto emocional que aparece cuando el tratamiento termina, son algunas de las situaciones que rondan esta enfermedad.
Aunque es conocido que la mamografía es uno de los exámenes imprescindibles para pesquisar el cáncer de mama, esto no garantiza que se haga a tiempo. A las postergaciones habituales por falta de tiempo o temor al resultado, se suma un factor cuyos efectos recién comienzan a verse: los diagnósticos que no se hicieron durante la pandemia y que hoy podrían estar impactando en la mortalidad.
El Dr. Enrique Waugh, jefe del Programa de Cáncer de Mama y Reconstrucción de Clínica Santa María, explica que suele haber confusión entre lo genético, lo hereditario y la historia familiar. «Esta enfermedad se produce por alteraciones genéticas en las células, pero la gran mayoría de esas alteraciones se adquieren durante la vida y no se heredan. Solo una minoría de los casos de cáncer de mama se debe a variantes hereditarias de alta penetrancia, como BRCA1, BRCA2 o PALB2», sostiene. Por eso, agrega, «no tener antecedentes familiares no elimina el riesgo ni reemplaza la necesidad de realizar los controles recomendados».
La Dra. Mónica Zavala, radióloga de Clínica Biobío, identifica que en el caso de la mamografía el problema está en la conducta más que en la falta de información. «Saberlo no es lo mismo que hacerlo. Muchas mujeres la postergan -año tras año- por falta de tiempo, por miedo al resultado o porque se sienten bien. El problema es que el cáncer de mama en etapas iniciales no presenta síntomas, así que cuando una mujer consulta porque nota algo, muchas veces la enfermedad ya ha avanzado», señala.
Entre las razones más frecuentes para no hacerse el examen, la especialista menciona el temor al dolor y a la radiación. «El examen puede ser incómodo, pero dura pocos segundos, y la dosis de radiación es muy baja y segura», aclara. Sin embargo, advierte que hay una creencia más riesgosa: «Lo de los antecedentes es quizás el mito más peligroso: la gran mayoría de las mujeres diagnosticadas no tiene ningún caso en su familia».
El papel de la nutrición en el cáncer de mama
«La alimentación cumple un rol fundamental porque es muy importante tener todos los nutrientes que ayuden a resistir el tratamiento. Además, la quimioterapia puede producir algunos síntomas, por ejemplo, que cambie el sabor de algunos alimentos, que se sienta un gusto más metálico, náuseas, vómitos o llagas en la boca. Por eso, es importante mantener una buena rutina de alimentación para disminuir un poco las molestias y, sobre todo, para tener los nutrientes necesarios para afrontar el tratamiento», señala Paulina Mella, nutricionista de Clínica Dávila Vespucio.
Después del tratamiento
Si la detección es un desafío, la etapa posterior al tratamiento también lo es porque el proceso no termina con el alta médica. Elena Rug, psicóloga de Clínica Ciudad del Mar, advierte que ese período puede ser, desde el punto de vista emocional, la más compleja. «Está clínicamente reconocido que la salud mental puede deteriorarse una vez finalizado el tratamiento activo. Mientras este dura, las pacientes suelen sentir que están tomando cartas en el asunto. Sin embargo, cuando el tratamiento termina, muchas veces recién se comienza a procesar lo vivido», explica. A eso se suman, según la profesional, «el temor a la recurrencia y la ansiedad que acompaña a cada nuevo control».
¿Cómo influye la reconstrucción mamaria en la decisión de tratarse?
La Dra. Camila Seymour, cirujana de mama de Clínica Dávila, explica: “Muchas mujeres que se detectan un tumor palpable asumen que el tratamiento será una mastectomía. Por el fuerte impacto negativo que esto les genera, en ocasiones retrasan la consulta médica. Informar a la población de que la cirugía del cáncer de mama ofrece alternativas, como la reconstrucción mamaria y la cirugía oncoplástica, podría ayudar a cambiar esta percepción.
“Es fundamental que, desde el diagnóstico, cada mujer conozca todas las opciones disponibles para su caso. La prioridad siempre debe ser tratar el cáncer de forma oportuna y precoz, pero estas técnicas también deben verse como parte de un manejo integral, que busque su bienestar físico, emocional y social”, finaliza la especialista.