“Yo elijo mi PC” podría desaparecer. Una de las razones parece contundente: las evaluaciones de Dipres no encontraron efectos significativos en rendimiento escolar, asistencia ni uso educativo de la tecnología.
El problema está en la fecha: la principal evaluación de impacto publicada en 2022 observa estudiantes beneficiados entre 2015 y 2017. Es una estimación seria. Pero mide un mundo digital que, en un aspecto decisivo, ya no existe.
En 2017 un computador permitía buscar información, escribir, programar o utilizar software educativo. Desde fines de 2022 se puede, además, interactuar con sistemas capaces de explicar, traducir, analizar y producir contenidos. La inteligencia artificial generativa convirtió a este equipo, en pocos años, en algo distinto: una interfaz de acceso a capacidades cognitivas. Y con ello cambió también la brecha digital.
No tener un computador ya no representa solamente menos acceso a información. Puede significar aprender con menos herramientas para desenvolverse en el sistema educativo y laboral que está emergiendo. Nada de esto demuestra que “Yo elijo mi PC” deba sobrevivir. Quizás deba desaparecer y ser reemplazado por una política que combine dispositivos, conectividad y alfabetización en inteligencia artificial.
Pero hay algo extraño en decidir en 2026 el futuro de una política tecnológica mirando principalmente lo que produjo entre 2015 y 2017. La evaluación puede no estar equivocada. Puede ser el mundo el que cambió.