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¿Quién está a cargo en las empresas? El desafío que enfrentan los ejecutivos chilenos ante la llegada de la IA autónoma

Los equipos intervinieron el sector adyacente a la planta y al emisario, sumándose a una jornada territorial que permitió retirar más de una tonelada de residuos en la bahía de Quintero y Puchuncaví.

Se modernizaronsus 1.150 m², incorporando una nueva distribución de las áreas de entrenamiento, salas completamente renovadas, espacios de cowork y una infraestructura que eleva el estándar deportivo de la Región de Valparaíso.

La nueva generación de inteligencia artificial ya no se limita a generar respuestas: puede ejecutar acciones utilizando credenciales, permisos y accesos corporativos. Este cambio plantea una nueva pregunta: ¿cuánta autonomía están preparadas las organizaciones para otorgar?

Durante los últimos años, las empresas se han acostumbrado a una inteligencia artificial capaz de redactar correos electrónicos, resumir documentos, analizar información o generar código. En todos estos casos, la IA entrega un resultado y una persona decide qué hacer con él.

Los agentes de IA cambian esa dinámica. Estos sistemas pueden recibir un objetivo, y determinar los pasos necesarios para alcanzarlo. En la práctica, un agente podría recuperar registros, actualizar información, gestionar solicitudes o enviar comunicaciones utilizando credenciales, permisos y accesos reales a los sistemas de una empresa.

El tema ya se está convirtiendo en una prioridad dentro de la agenda de ciberseguridad. Gartner identificó la supervisión de la IA agéntica como una de las principales tendencias de ciberseguridad para 2026 y ha proyectado que, para 2028, el 25% de las brechas de seguridad empresariales estarán vinculadas al uso indebido de agentes de IA.

Chile está preparado para la IA, pero alerta ante sus riesgos

El desafío adquiere especial relevancia en Chile. El estudio El estado de la transformación digital en América Latina 2026 de ManageEngine, que incluyó a 150 tomadores de decisiones de TI y de negocio en el país, reveló que el 92% considera que su infraestructura tecnológica está preparada para respaldar iniciativas de IA.

Sin embargo, esta preparación convive con crecientes desafíos de seguridad. Un 57% manifestó una mayor preocupación por las fugas de datos derivadas del uso inadecuado de la IA generativa por parte de los empleados, mientras que un 51% reportó haber experimentado más ciberataques exitosos durante 2025 que en años anteriores.

“Hemos pasado de una IA que simplemente entregaba recomendaciones a una tecnología capaz de tomar decisiones y ejecutar acciones en nombre de la empresa. La llegada de los agentes autónomos no es únicamente un asunto del área de TI, sino también un desafío de gerencia corporativa. Antes de delegar tareas clave a un agente, la alta dirección debe definir qué nivel de autonomía está dispuesta a otorgar y mantener siempre una supervisión humana clara”, explicó Wilson Calderón, Director Técnico Asociado para Latinoamérica de ManageEngine.

La autonomía no debería habilitarse por defecto

Muchos de los controles necesarios ya son conocidos por los equipos de seguridad. El primero es el principio de mínimo privilegio: cada agente debería tener acceso únicamente a los sistemas y datos necesarios para cumplir su función específica.

Pero los agentes introducen una segunda dimensión: la mínima autonomía. Este principio, incluido en las recomendaciones de OWASP para aplicaciones agénticas, se enfoca en definir hasta dónde puede actuar un agente de manera independiente antes de requerir autorización humana.

Por ejemplo, la recuperación de información podría realizarse de manera autónoma, mientras que acciones como eliminar registros, modificar permisos, realizar transacciones o enviar comunicaciones sensibles deberían requerir aprobación.

También es fundamental que cada agente cuente con una identidad propia, credenciales de corta duración y un registro trazable de sus acciones.

Seis controles antes de implementar un agente

ManageEngine recomienda revisar seis áreas fundamentales: identidad y acceso, permisos, protección de datos, herramientas autorizadas, monitoreo y gobernanza. Además, cada agente debería contar con una persona claramente identificada como responsable.

Este desafío adquiere todavía más importancia en entornos tecnológicos fragmentados. De acuerdo con el estudio de ManageEngine, el 79% de los encuestados en Chile considera que la fragmentación tecnológica dificulta escalar las iniciativas de IA. En paralelo, el 83% de las organizaciones planea consolidar sus proveedores tecnológicos, reflejando una tendencia hacia ecosistemas más integrados y manejables.

“El objetivo no es limitar el potencial de los agentes de IA, sino acompañar su autonomía con controles proporcionales al nivel de riesgo. Cuando una acción puede tener consecuencias significativas para la organización o sus clientes, la intervención humana debe seguir siendo parte del proceso”, agregó Calderón.

Los agentes autónomos pueden convertirse en una herramienta importante para aumentar la capacidad operativa de las empresas. Pero, al igual que cualquier usuario con acceso a sistemas corporativos, necesitan una identidad, un rol definido, límites claros y supervisión.

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