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Anne Carson, el Nobel y las traductoras chilenas. Por Mónica Barrientos, Facultad de Comunicaciones y Artes, Universidad de las Américas

Los equipos intervinieron el sector adyacente a la planta y al emisario, sumándose a una jornada territorial que permitió retirar más de una tonelada de residuos en la bahía de Quintero y Puchuncaví.

La Academia Sueca otorgó el Nobel de Literatura a la canadiense Anne Carson (Toronto, 1950), poeta, ensayista, traductora y profesora de literatura clásica, “por su obra audaz e inventiva que, en diálogo lúdico con la tradición clásica, ha creado nuevas formas para la literatura contemporánea”. Con ella, las mujeres premiadas llegan a diecinueve en más de 120 años. La cifra sigue siendo escasa, pero el premio obliga a plantear otras preguntas: ¿por qué distinguir hoy a una escritora que lee a los griegos? ¿Y qué relación tiene con nosotros?

En primer lugar, la Academia destacó que su obra se sitúa entre la obsesión del filólogo por las palabras y el deseo del poeta de encontrar nuevos significados. No se premia la erudición como adorno, sino como un modo de leer: Safo o Eurípides aparecen como materiales vivos, capaces de decir algo sobre el deseo, el duelo o la violencia del presente.

Otro aspecto importante es que su obra resiste cualquier clasificación. Autobiografía de rojo (1998) es una novela en verso que reescribe el mito de Gerión. La belleza del marido se presenta como “un ensayo narrativo en 29 tangos” sobre el derrumbe de un matrimonio. Nox (2010), escrito tras la muerte de su hermano, es un libro-acordeón de una sola hoja plegada. Poesía, ensayo, traducción y objeto visual conviven sin jerarquía. Además, Carson desarma la división que separa los temas “íntimos” de la “gran narrativa universal”: la madre o el hermano muerto se escriben con los mismos instrumentos con que se lee a Homero.

El premio tiene, asimismo, una dimensión latinoamericana que la prensa internacional difícilmente registrará. En Chile, Carson se ha leído en buena medida gracias a poetas traductoras chilenas. Verónica Zondek tradujo Red Doc; Soledad Marambio, El ensayo de cristal y La belleza del marido; Bernardita Bolumburu, sus versiones de Eurípides y Sófocles. En 2018 la escritora visitó Santiago y leyó en la Universidad Diego Portales junto a Zondek. Editoriales independientes como Cuadro de Tiza, Bisturí 10 y La Pollera las publicaron pese a los contratos de exclusividad de los grandes sellos españoles.

Si el Nobel es un espejo de nuestra cultura, este año también refleja un trabajo que rara vez se premia: el de las traductoras que hicieron legible a Carson en nuestra lengua desde los márgenes del mercado editorial. Una escritora que ha hecho de la traducción una forma de creación nos llegó a través de otras que ejercieron ese mismo oficio.

En última instancia, el Nobel a Carson no salda la deuda histórica con las escritoras, pero desplaza la conversación, ya que no se trata solo de cuántas mujeres son premiadas, sino de qué formas de escritura se consideran dignas de reconocimiento. ¿Cuándo reconoceremos con la misma seriedad a quienes, desde Chile, sostienen la circulación de la literatura del mundo?

 

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