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Los sectores de la Región de O’Higgins que presentan mayor vulnerabilidad frente a aluviones

Los equipos intervinieron el sector adyacente a la planta y al emisario, sumándose a una jornada territorial que permitió retirar más de una tonelada de residuos en la bahía de Quintero y Puchuncaví.

Académicos de la Universidad de O’Higgins advierten que las lluvias intensas de primavera, los terrenos afectados por incendios forestales y el crecimiento urbano hacia las laderas pueden favorecer estos eventos.

El aluvión que afectó a sectores de la Región Metropolitana encendió las alertas sobre los riesgos asociados a las lluvias intensas durante la primavera. En la Región de O’Higgins, las comunas de San Fernando y Machalí presentan condiciones que las hacen especialmente susceptibles a este tipo de fenómenos, según explica Jorge Romero, académico del Instituto de Ciencias de la Ingeniería de la Universidad de O’Higgins (UOH). Pero no son las únicas. Codegua, Malloa, Coinco y Coltauco, entre otras, ya han registrado remociones en masa con pérdidas materiales para la comunidad.

El investigador explica que el evento ocurrido en la Región Metropolitana se produjo en la zona baja del frente cordillerano, con condiciones de precipitaciones intensas y concentradas en poco tiempo, acompañadas de granizo. Un escenario similar podría repetirse en sectores cordilleranos de O’Higgins si se presentan condiciones meteorológicas equivalentes.

“Las comunas de San Fernando y Machalí son las más vulnerables a este tipo de eventos, producto de la alta topografía, las condiciones en donde se han registrado algunos incendios forestales afectando el suelo y la vegetación”, señala.

A esto se suma que en estas zonas pueden registrarse mayores montos de precipitación.

Terrenos vulnerables y expansión urbana

El peligro no depende exclusivamente de la cantidad de lluvia. En el caso de Santiago, Jorge Romero identifica una combinación de factores que favorecieron el desplazamiento de grandes volúmenes de agua, sedimentos y escombros por las quebradas.

Entre ellos menciona los incendios forestales, que destruyen la cobertura vegetal y afectan el suelo; las precipitaciones acumuladas, que pueden saturar el terreno; y las lluvias sobre la nieve en sectores de mayor altura, cuando aumenta la isoterma. Esta combinación puede generar flujos de detritos, capaces de arrastrar madera, sedimentos y otros materiales pendiente abajo.

La ocupación del territorio también es relevante. El crecimiento de las zonas urbanas hacia las laderas, junto con la falta de vegetación, un drenaje insuficiente y la falta de obras de mitigación adecuadas, puede aumentar la exposición y vulnerabilidad de las personas y sus viviendas.

“Zonas con alta pendiente, con poca vegetación, con alta urbanización en la actualidad y poco control del drenaje del agua, son absolutamente susceptibles a este tipo de eventos catastróficos”, advierte el académico.

Al respecto, Raúl Valenzuela, académico de la misma Universidad, se mostró impresionado ante los impactos de las lluvias convectivas en la Región Metropolitana. “Imágenes dantescas, pero esperable en contexto de cambio climático y un fenómeno de El Niño con magnitudes históricas”. También señaló que

“la preparación para eventos hidrometeorológicos extremos sigue débil, con inversión modesta, respuestas reactivas y sin un plan de largo plazo. Chile debe construir una red de monitoreo continuo y avanzado, que incluya formación de capital humano. Esto no es de un día para otro, tomará varios años. Entre más tiempo se demora el Estado en tomar acción seguiremos a ciegas enfrentando este tipo de fenómeno, afectando profundamente el bienestar de las personas”.

Prevenir

Uno de los desafíos es que estos fenómenos pueden desarrollarse rápidamente y sorprender a la población. Jorge Romero destaca que -en el caso de Las Condes- no se registraron alertas SAE que permitieran advertir previamente a las personas afectadas, lo que refuerza la importancia de reconocer las señales de peligro. “Esto se suma a una fuerte de reducción de presupuesto de 918 millones a Senapred y las pocas capacidades de las cuales Sernageomin está dotado en la actualidad, para lograr abordar estas variables críticas”, señala.

El llamado es especialmente relevante para quienes viven cerca de quebradas, esteros y cauces de ríos. Ante tormentas intensas, caída de granizo y una elevada actividad eléctrica, el académico recomienda “mantenerse atentos a las condiciones del entorno y evitar las zonas bajas por donde podría desplazarse una remoción en masa, además de seguir las indicaciones de los organismos de emergencia”, finaliza.

Finalmente, el académico del Instituto de Ciencias Sociales de la UOH, Ricardo Fuentealba, comparó lo sucedido en Las Condes con el aluvión de la quebrada de Macul en 1993: “con la diferencia de que ese aluvión afectó muchas poblaciones formales e informales de bajos recursos. Lo de ayer es muy impactante, pero ocurre en un sector urbanizado de altos recursos, lo cual nos sirve para estar en alerta tanto para asentamientos humanos formales e informales en la zona precordillerana. Esto debe ser considerado en la Región de O’Higgins, sobre todo cuando hay varias amenazas concatenadas”, señaló.

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