El próximo 3 de noviembre, los estadounidenses acudirán a las urnas para renovar la totalidad de la Cámara de Representantes y un tercio del Senado, en unas elecciones que definirán el equilibrio de poder en el Congreso durante los dos últimos años del mandato de Donald Trump.
Actualmente, el Partido Republicano controla ambas cámaras, pero los demócratas aspiran a recuperar la mayoría, especialmente en la Cámara de Representantes. El resultado podría condicionar la agenda legislativa del Gobierno, las negociaciones presupuestarias y la evolución de los mercados financieros.
En este análisis, Mabrouk Chetouane y Romain Aumond de Natixis Investment Managers examinan los posibles escenarios políticos y sus implicaciones para la economía estadounidense, desde la política fiscal y las tasas de interés hasta la inversión tecnológica, en un contexto marcado por las presiones inflacionarias y la incertidumbre económica.
Trump 2, Acto 1: Inconsistencia, Inflación e Inestabilidad
Las elecciones de mitad de mandato son un evento imperdible para el electorado estadounidense que desea expresar su aprobación o descontento con las políticas económicas adoptadas durante los dos últimos años.
La primera parte del mandato del presidente Trump se puede resumir en lo que denominaremos las «3 I»: inconsistencia, inflación e inestabilidad. Las medidas y decisiones implementadas para combatir la inflación han sido inconsistentes. Este resurgimiento de las presiones inflacionarias ha provocado un aumento sustancial del costo de vida y una mayor volatilidad en el ciclo macroeconómico. El nivel de actividad económica observado durante esta primera parte del mandato de Donald Trump es, en promedio, 0,6 puntos porcentuales inferior al registrado durante la administración Biden.
Además, Donald Trump ha dado, más que nunca, una serie de giros inesperados que han contribuido a reducir la visibilidad de los inversores respecto a la situación económica y financiera.
Estas tres «I» tienen un precio: la posible pérdida del control del Congreso de los Estados Unidos, que hasta ahora ha estado bajo el control exclusivo del Partido Republicano. Trump 2, Acto 2: la magnitud de la derrota como indicador para evaluar el rumbo de la segunda mitad de su administración
Las elecciones intermedias han representado, en general, un periodo de cambio y coexistencia política. Sin embargo, es inusual que en una elección de tal trascendencia surja un consenso tan fuerte en torno a una derrota prevista. La probabilidad, según indican los mercados, de que los demócratas recuperen el control del Parlamento se sitúa entre el 70% y el 90%.
El Partido Republicano, sin duda, perderá la Cámara de Representantes; este resultado es prácticamente un hecho. No obstante, existe mucha más incertidumbre respecto de la futura composición política del Senado. En consecuencia, dos escenarios sirven como hipótesis de trabajo: o una victoria aplastante de los demócratas en el Congreso, o la conservación del Senado por una estrecha mayoría republicana. Descartamos de inmediato el escenario de una impugnación violenta de los resultados por parte del ejecutivo, como ocurrió en 2020, simplemente porque el presidente Trump conservará su cargo.
A corto plazo, es probable que el impacto macroeconómico de las elecciones sea prácticamente nulo. Es improbable que el resultado de las elecciones de mitad de mandato frene la economía estadounidense, caracterizada por su resiliencia y por la recuperación del sector manufacturero. Es probable que surjan dificultades en 2027 durante las negociaciones sobre el techo de la deuda y los presupuestos.
La ola azul: Una victoria aplastante de los demócratas podría reducir drásticamente el margen de maniobra del presidente Trump. Sin mayoría en ninguna de las cámaras, su papel se limitaría a asuntos de comercio y política exterior. Donald Trump aún podría usar su veto para bloquear propuestas políticas que entren en conflicto con las medidas que ha implementado hasta la fecha. Sin embargo, el uso extensivo de este poder de veto podría resultar perjudicial para la democracia estadounidense y para el Partido Republicano de cara a 2029. Respaldados por esta mayoría, los demócratas intentarán modificar el rumbo de los proyectos de ley de finanzas reduciendo las reducciones de impuestos (no se pueden modificar las medidas ya aprobadas) en favor de un mayor gasto en asistencia social. Desde la perspectiva de los indicadores presupuestarios, este escenario no conllevaría ni un empeoramiento del ya considerable déficit fiscal ni una reducción significativa del estímulo fiscal.
Además, demócratas y republicanos parecen estar en desacuerdo sobre cuestiones relacionadas con los centros de datos y el consumo de recursos que conllevan. Creemos, al igual que con los aranceles aduaneros, que la competencia con China en el ámbito tecnológico es de interés nacional y que el despliegue de centros de datos continuará a nivel nacional.
Los republicanos limitan el daño: si los republicanos mantuvieran el control del Senado, lo que resultaría en un Congreso dividido, creemos que la magnitud y la frecuencia de los bloqueos institucionales podrían ser mayores que las observadas durante la primera mitad de esta legislatura. Dada la polarización existente entre los dos bandos, los episodios de cierre, como el observado en el cuarto trimestre de 2025, se volverían más frecuentes y lastrarían las perspectivas económicas de Estados Unidos. A finales de 2025, el consumo público había caído un 5,7% en términos anualizados, restando un punto porcentual al crecimiento estadounidense. La reapertura de los servicios públicos en el trimestre siguiente no compensó por completo la pérdida sufrida. Más allá de una mayor volatilidad en el ciclo macroeconómico, esto se traduciría en un debilitamiento gradual del estímulo al consumo público, lo que podría conducir a una reducción del apoyo a la demanda agregada. Este entorno provocaría una mayor volatilidad en las tasas de interés a largo plazo, a la luz de los próximos enfrentamientos políticos entre los dos partidos, y también podría paralizar cualquier posible ciclo de subidas de tipos de interés de la Reserva Federal anticipado por el mercado (tres subidas proyectadas en un horizonte de doce meses).
Tal y como parece, el resultado de estas elecciones determinará en cierta medida la trayectoria de las finanzas públicas en 2027 y 2028 y, por extensión, la del crecimiento económico y de la política monetaria. La inestabilidad derivada de una convivencia muy tensa provocaría perturbaciones cíclicas que se extenderían a los mercados de bonos. Los inversores, como es habitual, no tendrán más remedio que lidiar con estas nuevas fuentes de tensión, que absorberán en la medida de lo posible. No obstante, podrán contar con la capacidad de inversión excepcional de las empresas del sector tecnológico, cuyas externalidades positivas seguirán repercutiendo en diversos sectores de la economía estadounidense. El aumento previsto en la inversión de capital para 2027 ronda los 300.000 millones de dólares, una cifra cercana a la que estas mismas empresas invirtieron entre 2025 y 2026.
Dada la importancia fundamental que tiene hoy en día la cuestión de la hegemonía tecnológica, seguimos convencidos de que tanto demócratas como republicanos actuarán en beneficio del país y de que el riesgo de una regulación excesiva nos parece controlado.