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Estudiantes de Biología Marina UV transformaron Halloween en una experiencia de divulgación científica

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La iniciativa reunió a cerca de 30 personas en la Facultad de Ciencias del Mar y de Recursos Naturales de la UV, combinando ciencia, misterio y relatos sobre la biodiversidad marina y el patrimonio natural e histórico de Montemar.

Entre linternas, organismos marinos y relatos sobre la biodiversidad y el patrimonio natural e histórico de Montemar, cerca de treinta personas participaron en “Animales monstruosos: historia y relatos de Montemar”, una iniciativa que aprovechó la celebración de Halloween para acercar la riqueza biológica marina y el patrimonio de este sector a la comunidad, de una manera entretenida y participativa, promoviendo su valoración y cuidado.

La instancia fue organizada por estudiantes de Biología Marina, en conjunto con la Facultad de Ciencias del Mar y de Recursos Naturales, MOBIC UV y Cultura Oceánica en 360°.

La propuesta se desarrolló durante la tarde del viernes 30 de octubre en la Facultad de Ciencias del Mar y de Recursos Naturales de la UV, donde asistentes de distintas edades observaron organismos marinos, exploraron las colecciones biológicas y participaron de un recorrido guiado por el entorno costero de Montemar.

El misterio y la temática de Halloween fueron el punto de partida para despertar la curiosidad del público. Sin embargo, detrás de la ambientación había un propósito educativo: dar a conocer las características de las especies que habitan el sector, su historia y la importancia de proteger un entorno natural que durante el verano recibe una importante afluencia de visitantes.

La iniciativa nació de Amaru Herrera, estudiante de segundo año de Biología Marina, quien identificó en la divulgación científica una posibilidad de contribuir al conocimiento y cuidado de este territorio.

“La idea surgió al ver la problemática asociada a los turistas del verano entre 2025-2026, cuando la caleta de Montemar se llenó de gente. Pensé: ¿cómo podemos hacer para que más gente conozca el lugar y enseñarles la manera correcta de visitarlo? La motivación con Halloween apunta al terror y al morbo que generan estas festividades que, gracias a eso, tienen un gran poder convocatorio, y aprovechamos esta característica para que la gente viniera a la actividad. La temática tenebrosa estuvo presente, pero fue más bien un enfoque en la atracción de público para ese día, y así, además de darles historias o una experiencia temática, les dábamos datos históricos, ecológicos y educación ambiental basada en el lugar. El terror de Halloween lo usamos como gancho para divulgar sobre educación ambiental, historia y ecología del lugar”, explicó.

Ciencia y linternas

El estudiante señaló que “la experiencia contempló una visita guiada por la Facultad y sus alrededores, incluyendo ambas playas, la fauna y flora del sector, la historia del edificio y de la lobera. Posteriormente, los participantes ingresaron al laboratorio para conocer una selección de muestras biológicas de la colección de Montemar, escogidas especialmente por sus características y apariencia”.

Según sus palabras, la segunda parte incorporó una ambientación de oscuridad total en el laboratorio, solo iluminado a través de linternas, lo que permitió presentar los organismos desde una perspectiva diferente: “En el laboratorio se propuso una dinámica distinta: apagar la luz y alumbrar con linternas para que la experiencia fuera única y memorable”.

En esa línea, el estudiante expresó: “Seleccioné personalmente las muestras biológicas más ‘aterradoras’ de la colección de Montemar, así que fue una exhibición personalizada de ‘Animales monstruosos’. Como adicional, investigué el fenómeno de la fluorescencia, que permite a ciertos organismos brillar con colores intensos bajo luz ultravioleta”, relató Herrera.

El asombro de los asistentes fue uno de los resultados que más valoró el estudiante. Entre las reacciones destacó la sorpresa ante la fluorescencia y el encuentro con especies y muestras que muchos nunca habían tenido la oportunidad de observar, como peces de profundidad, esqueletos de animales, culebras e insectos. Los niños y las niñas, en particular, participaron activamente con preguntas e intervenciones durante la actividad.

Trabajo colaborativo

Amaru destacó el trabajo colaborativo que hizo posible la iniciativa, valorando especialmente el apoyo de los académicos David Rojas y Pilar Muñoz, así como el aporte de Lafka Neira, estudiante de cuarto año y encargada de redes del MOBIC, quien tuvo un rol fundamental en la organización y difusión de la actividad. A ellos se sumaron Cristian Acuña, estudiante de segundo año, responsable de la ilustración del afiche; Antonia Olivares, de cuarto año; y Gustavo Lucero, de segundo, quienes integraron el equipo ejecutor y contribuyeron con sus conocimientos en divulgación y manejo de especies. La actividad tuvo una positiva recepción tanto entre los asistentes como entre los académicos de la Facultad.

“La iniciativa y la coordinación estuvieron a mi cargo, pero su realización fue posible gracias al respaldo del MOBIC y Cultura Oceánica en 360°, al apoyo de los profesores y al compromiso de Lafka y de todo el equipo ejecutor. Por eso, el mérito es compartido”, reconoció el estudiante.

Para el joven, uno de los principales aprendizajes fue comprobar que la ciencia puede comunicarse a través de formatos distintos a los tradicionales. “Con esta primera experiencia descubrimos que la ciencia tiene muchas formas de llegar a la gente. Especialmente las ciencias del mar, que en un país con una costa vital para nuestra existencia, no es una ciencia muy popular entre las personas. He ahí uno de los tantos trabajos de un biólogo marino: descubrir cómo llevar la experiencia del mar a la vida de las personas, para que se preocupen de este recurso que nos bordea como país, de una manera parecida a como lo hacemos nosotros. Como futuros biólogos marinos, reafirmamos lo importante y gratificante que es la divulgación de nuestra área cuando lo hacemos de una manera entretenida”, reflexionó.

Más allá de la convocatoria, la actividad buscó generar un vínculo entre las personas y el ambiente marino, poniendo en valor las posibilidades educativas que ofrece Montemar. “Buscábamos transmitir la importancia que tienen lugares como Montemar para la educación ambiental. Hay pocos sitios donde la vida marina se pueda observar tan de cerca y de manera tan directa, lo que permite descubrir la complejidad y belleza del ambiente marino y generar un vínculo de protección y cuidado hacia él”, señaló.

En cuanto a los aprendizajes, reconoció que la experiencia representó un desafío en materia de organización y coordinación de grupos, aspectos que esperan seguir perfeccionando en futuras actividades. Sin embargo, una de las mayores satisfacciones fue el interés demostrado por los asistentes.

“Fue muy grato ver que las nuevas generaciones se interesen por el mar y que algunos incluso estén decididos a estudiar Biología Marina en la UV. Esta actividad también tenía un enfoque hacia quienes quieren estudiar esta carrera, pero todavía no han tenido ese primer acercamiento que nos hace decidirnos. Me alegra que, junto a nuestro equipo, hayamos podido ser parte de ese primer encuentro”, comentó.

Amaru Herrera manifestó su interés en dar continuidad a este tipo de iniciativas: “Tenemos que seguir creando hitos en la Universidad para darle mayor visibilidad como sede y contribuir al respeto y cuidado del ambiente que rodea a la Facultad, con el fin de disminuir el turismo irresponsable durante los próximos veranos. Esta actividad es mi grano de arena hacia la protección futura del área de Montemar”, concluyó.

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