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Reducir la huella hídrica, un llamado a la acción. Por Franko Restovic, director de Línea de I+D, Centro de Biotecnología de Sistemas, U. Andrés Bello

Con una trayectoria cercana a los cien años formando profesionales, la PUCV pone a disposición de los estudiantes espacios presenciales y digitales para resolver dudas sobre carreras, puntajes y vida universitaria.

Cada 22 de marzo, el Día Mundial del Agua nos invita a reconocer la responsabilidad que cada uno de nosotros tiene en la conservación de este recurso vital. En un mundo donde la escasez hídrica es una amenaza creciente debido al cambio climático, la contaminación y el mal manejo de los recursos, es crucial que tanto empresas como individuos adoptemos prácticas responsables para reducir nuestra huella hídrica.

La huella hídrica mide el volumen total de agua utilizado para producir bienes y servicios. Esto incluye no solo el agua que consumimos directamente para beber, cocinar o ducharnos, sino también la que se utiliza en la producción de alimentos, ropa, tecnología y demás productos que forman parte de nuestra vida diaria, por lo que su elección tiene un impacto significativo.

Por ejemplo, para producir solo 1 kilo de carne de vacuno se utilizan alrededor de 15.000 litros de agua, mientras que producir 1 kilo de legumbres y vegetales utiliza 25 litros, lo que demuestra que, al optar por una dieta más basada en plantas, podemos reducir considerablemente nuestra demanda hídrica.

Al elegir prendas de vestir también es importante tener conciencia sobre el agua utilizada en su fabricación. De acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, la producción de un jean requiere 3.781 litros de agua, mientras que fabricar un par de zapatillas demanda 4.400 litros. Optar por ropa de empresas que utilizan procesos sostenibles y materiales reciclados puede ayudar a minimizar este impacto.

Mejorar nuestra eficiencia en el uso doméstico del agua es otra estrategia crucial. Instalar aireadores en las llaves puede ahorrar hasta 50% de agua, también contribuye el tomar duchas más cortas, recolectar agua de lluvia, instalar sistemas de riego eficientes en jardines y reemplazar pasto por vegetación de bajo consumo hídrico.

La educación juega un rol vital en este contexto. Conversar sobre la importancia de la huella hídrica con nuestra familia, colegas y amigos puede inspirar a otros a hacer cambios significativos. Existen también múltiples plataformas y recursos en línea que ofrecen información sobre cómo medir y reducir la huella hídrica
Pero todas estas medidas individuales requieren también el compromiso de empresas y productores comprometidos con la sostenibilidad, que implementen prácticas responsables en la gestión de sus recursos hídricos.

Una estrategia que cobra cada vez más relevancia en las empresas para optimizar su uso es implementar un Análisis de Ciclo de Vida (ACV), metodología que permite evaluar el impacto ambiental de sus productos desde la extracción de materias primas hasta su disposición final. Entre otros parámetros, este análisis proporciona información detallada sobre el uso de agua en cada etapa del ciclo productivo, lo que ayuda a identificar oportunidades para mejorar la eficiencia y reducir el consumo hídrico.

Al adoptar prácticas sostenibles derivadas de los resultados del ACV, las empresas no solo reducen significativamente la presión sobre los recursos hídricos e innovan en sus procesos, materiales y uso de energías, sino que mejoran también su competitividad y reputación en el mercado, al permitir a los consumidores finales tomar decisiones más informadas sobre sus opciones de consumo.

Es innegable que nuestra huella hídrica está entrelazada con el bienestar del planeta. Sumando entre todos pequeños cambios en nuestro día a día y en las elecciones de consumo que hacemos, podremos enfrentar juntos el desafío del agua y asegurar un futuro más sostenible para las próximas generaciones.

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