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Análisis IMACEC. Por Manuel Cea Acevedo, director de Ingeniería en Administración de Empresas UNAB

El 1,8 % de expansión del IMACEC en julio se ha leído como un alivio tras meses de inestabilidad. Sin embargo, bajo esa cifra se esconde una realidad frágil: los servicios y el comercio sostienen la actividad, mientras la minería, históricamente el motor de nuestra economía, retrocede con una caída de 3,3 %. No es un hecho aislado, sino el reflejo de menor producción, problemas operativos y la ausencia de una estrategia clara frente al agotamiento de yacimientos y la competencia global.

El contraste es evidente. El consumo mantiene cierta vitalidad gracias a servicios como turismo y transporte, pero este dinamismo responde más a bases comparativas bajas que a un impulso estructural. En paralelo, la desaceleración frente al 3,1 % de junio confirma que no hay un despegue sostenido.

El IMACEC no solo mide cifras: revela prioridades. Seguir celebrando avances débiles como si fueran señales de crecimiento real es un espejismo. El desafío de fondo es diversificar la matriz productiva y dejar de depender de un sector minero que hoy arrastra más que impulsa.

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