Cuando se habla de desempleo en la Región de Valparaíso, muchas veces el foco se pone en el comercio o los servicios. Sin embargo, existe una crisis silenciosa y profunda que afecta al mundo rural y que explica buena parte del deterioro laboral regional: el debilitamiento sostenido del sector agrícola.
De acuerdo con el estudio del economista David Bravo y el Centro UC de Encuestas y Estudios Longitudinales, la región mantiene una tasa de desocupación elevada, cercana al 8,5 %, sin lograr recuperar plenamente los empleos perdidos antes de la pandemia. Pero detrás de esa cifra agregada hay una realidad más dura: el empleo agrícola ha sido uno de los más golpeados y de los que menos capacidad ha tenido para recuperarse.
La agricultura en Valparaíso enfrenta una tormenta perfecta. La sequía estructural, que se extiende por más de una década, ha reducido drásticamente la superficie cultivable, especialmente en provincias como Petorca, Quillota, San Felipe y Los Andes. Menos agua significa menos siembra, menos cosecha y, en consecuencia, menos trabajo para temporeros, operarios agrícolas y pequeños productores que dependen del ciclo productivo para sostener a sus familias.
A esto se suma la pérdida progresiva de tierras agrícolas, que están siendo reemplazadas por parcelas de agrado y usos no productivos. Cada hectárea que sale del sistema agrícola no solo reduce producción de alimentos, sino que elimina empleo local y debilita la economía rural. El impacto no es solo económico, es social: menos trabajo implica migración forzada, envejecimiento del campo y abandono de actividades tradicionales.
Otro factor crítico es la falta de recambio generacional. Cada vez menos jóvenes quieren trabajar en el agro, no porque falte vocación, sino porque el sector ofrece menos estabilidad, mayor incertidumbre climática y escaso apoyo tecnológico. Sin una estrategia clara de modernización, tecnificación y formación de capital humano, el agro seguirá perdiendo atractivo y capacidad de generar empleo.
El desempleo agrícola no se resuelve con subsidios temporales. Se requiere una política decidida de seguridad hídrica, inversión en riego tecnificado, apoyo real a pequeños y medianos agricultores, y una vinculación efectiva entre formación técnico-profesional y las necesidades productivas del territorio. Recuperar el empleo agrícola es clave no solo para reducir el desempleo regional, sino para asegurar soberanía alimentaria, desarrollo equilibrado y cohesión social.
Si la Región de Valparaíso no enfrenta hoy la crisis del empleo agrícola con seriedad y urgencia, mañana no solo lamentará cifras de desempleo más altas, sino también la pérdida irreversible de su identidad productiva rural.