Organización, voluntad y adoptar responsabilidades en conjunto, son elementos que colaboran a que padres puedan tener momentos de descansos en medio de las vacaciones con sus hijos.
Tradicionalmente, las vacaciones familiares se planifican en torno al disfrute de los hijos y compartir en familia, pero que ocurre si los padres o cuidadores no logran un descanso real, que ocurre si se necesitan vacaciones de las vacaciones y se corre el riesgo de enfrentar el resto del año con altos niveles de estrés y agotamiento emocional.
Para muchos padres, las vacaciones se sienten como «trabajar en un lugar con mejor vista», y la carga mental de la logística, la alimentación y el cuidado no desaparece por estar frente al mar.
Andrea Mira, académica de la Escuela de Terapia Ocupacional de la Universidad Andrés Bello, indica que «es vital entender que el descanso no es simplemente dejar de trabajar, sino permitir que el sistema nervioso se regule y recupere energía», explica. «Un cuidador que no recarga sus baterías difícilmente podrá ofrecer la corregulación emocional que los niños necesitan. Por ello, el descanso de los padres es, en última instancia, un beneficio para toda la familia», indica la docente.
Descanso colaborativo
Para transformar las vacaciones en un periodo de recuperación de energía, la académica de la UNAB propone transitar desde el cuidado individual hacia un modelo de corresponsabilidad y simplicidad.
“Es importante establecer rutinas mínimas y predecibles. No se trata de replicar el horario escolar, sino de establecer pilares simples como horarios de comida y sueño, que den seguridad a los niños y previsibilidad a los adultos», recomienda.
También propone hacer una distribución equitativa de las tareas y cada miembro de la familia sume pequeñas responsabilidades. Esto libera tiempo de calidad para los cuidadores.
Por otra parte “el valor del juego libre y no es necesario programar cada hora del día. Fomentar el juego libre permite que los niños desarrollen autonomía mientras los padres encuentran espacios de silencio o lectura”, explica.
Contacto con la naturaleza y espacios de autocuidado
También como forma de lograr desconectarse y lograr un descanso, la evidencia destaca que los entornos naturales son potentes reguladores del estrés. «El contacto con la naturaleza reduce el cortisol y permite una desconexión digital efectiva. Caminatas simples, juegos en la arena o simplemente observar el entorno natural facilitan que el cerebro descanse del bombardeo de estímulos cotidianos», añade la docente.
Finalmente, Andrea Mira recalca la importancia de negociar «bloques de descanso individual». Es decir, que mientras un adulto supervisa una actividad familiar, el otro tenga permiso explícito para retirarse a descansar, hacer ejercicio o simplemente estar en calma, sin culpa.
«Un descanso de calidad permite volver a conectar con el placer de la crianza. No podemos dar lo que no tenemos; para cuidar con paciencia y afecto, primero debemos haber cuidado de nosotros mismos», concluye la experta de la UNAB.