Chile atraviesa un momento económico que exige decisiones urgentes. El crecimiento proyectado se mantiene en torno al 2%, la inflación se acerca al 3% y el deterioro de las cuentas fiscales tensiona el margen de acción del Estado. A ello se suma un factor externo que golpea con fuerza a las empresas: el alza sostenida de los combustibles, impulsada por conflictos internacionales, que encarece la operación logística y productiva en prácticamente todos los sectores.
En un escenario en el que cada peso cuenta, las organizaciones enfrentan un desafío crítico: mejorar su eficiencia y productividad sin comprometer la calidad de sus servicios. Y ahí es donde la tecnología deja de ser un concepto lejano, para convertirse en una herramienta estratégica.
Durante años, muchas empresas han operado a ciegas en servicios, producción y otras áreas, dependiendo de información fragmentada y escaso monitoreo. Y es que en tiempos de bonanza económica las ineficiencias pueden pasar inadvertidas. Pero cuando hay estrechez, los costos operativos le pegan mucho más fuerte a la rentabilidad.
Por eso, saber qué ocurre, dónde ocurre y cuándo ocurre es tan importante. Y no se trata solo de monitorear en tiempo real, sino también de convertir la información en una mejor gestión. Junto con mejorar la supervisión, tener claridad sobre quién ejecutó una tarea, en qué lugar y en qué momento, fortalece la accountability que, sin duda, es una ventaja competitiva.
Si a esto sumamos la generación de registros completos, incluso con respaldo fotográfico, para reconstruir la historia de la operación el resultado no solo es trazabilidad, sino también cumplimiento. Adicionalmente, inspecciones y checklists en base a calendarios de actividades reducen errores y omisiones.
Finalmente, la gestión de incidentes adquiere una nueva dimensión cuando se digitaliza y se integra a los canales de comunicación, ya que la inmediatez en la notificación permite reaccionar más rápido y, por supuesto, prevenir la repetición de fallas.
En un contexto de inflación y costos operacionales al alza, la pregunta deja de ser cuándo incorporar tecnología a los procesos, sino qué herramienta usar para gestionar mejor la operación. De ahí que el enfoque de Peter Drucker parezca más vigente que nunca: “lo que no se mide, no se puede gestionar”; y lo que no se gestiona, inevitablemente, se traduce en ineficiencia, costos y menos rentabilidad.