En el contexto del Mes de la Salud, es importante reflexionar sobre el proceso de envejecimiento, entendiendo que envejecer de forma saludable no significa solo evitar enfermedades, sino también poder mantenerse activo, participar en actividades cotidianas y mantener el bienestar a nivel físico, mental y emocional.
Desde la terapia ocupacional, el enfoque está puesto en promover la participación de las personas mayores en actividades que sean significativas para ellas, favoreciendo su autonomía, bienestar y calidad de vida.
“En este contexto, las actividades de estimulación que se pueden desarrollar, como la confección de manualidades, juegos de mesa, gestión de talleres de distinta índole, entre otros, no solo cumplen un rol recreativo, sino que están diseñadas para estimular diversas habilidades como la memoria, la atención, el razonamiento, la coordinación, la motricidad y otras capacidades necesarias para desenvolverse en la vida diaria” dice Daniela Olave, terapeuta ocupacional de Acalis.
De manera complementaria, la actividad física cumple un rol esencial dentro de este proceso. A través de ejercicios adaptados, se busca mantener la movilidad, la fuerza y el equilibrio, aspectos clave para prevenir caídas. Además, el movimiento no sólo presenta beneficios para el cuerpo, sino que también tiene efectos positivos sobre el funcionamiento cognitivo, contribuyendo a un abordaje integral.
“Las actividades mencionadas contribuyen a fortalecer el sentido de logro y de identidad. Poder elegir, participar y completar una tarea, permite que las personas mayores se sientan capaces, útiles y valoradas en su contexto. Mantener el vínculo con actividades significativas ayuda a dar continuidad a su historia de vida, intereses y roles, lo que es fundamental para un envejecimiento positivo” explica la profesional de Acalis.
A su vez, la participación en actividades grupales constituye un pilar fundamental del envejecimiento positivo. Estos espacios permiten compartir con pares, generar vínculos y sentirse parte de una comunidad. La interacción social favorece el bienestar emocional, ayudando a prevenir el aislamiento y la sensación de soledad, además de fortalecer el sentido de pertenencia.
En esta misma línea, la participación constante permite a su vez, establecer rutinas, lo que resulta especialmente relevante en el proceso de envejecimiento. Contar con una estructura diaria o semanal entrega organización, seguridad y orientación en el tiempo, favoreciendo la autonomía y el mantenimiento de hábitos saludables.
En este contexto, desde la disciplina, es importante considerar que existen diversas estrategias de intervención, las cuales se ajustan a las características, necesidades y nivel de funcionalidad de cada persona mayor. De esta manera, las actividades se adaptan permitiendo entregar apoyos adecuados en cada etapa del proceso de envejecimiento.
En situaciones donde existe un mayor deterioro cognitivo, se incorporan estrategias más específicas, como la estimulación sensorial. Estas buscan conectar a la persona con su entorno a través de los sentidos, utilizando elementos como la música, los aromas o distintas texturas, facilitando la interacción con el entorno y promoviendo el bienestar emocional.
Asimismo, las terapias de reminiscencia permiten evocar recuerdos significativos de la vida de la persona, favoreciendo la conexión con su historia personal, reforzando la identidad y generando espacios de comunicación y expresión emocional, especialmente en etapas más avanzadas.
En conjunto, todas estas acciones tienen un impacto directo en la calidad de vida de las personas mayores, ya que favorecen su bienestar físico, cognitivo y emocional, promoviendo su participación activa y el mantenimiento de su funcionalidad.
“Promover un envejecimiento saludable implica comprender que cada persona es única y que envejecer con bienestar es un proceso que debe ser acompañado de manera integral. Desde la terapia ocupacional, el desafío es generar espacios que permitan mantener la autonomía, fortalecer los vínculos y seguir construyendo una vida con sentido en cada etapa, entendiendo que un envejecimiento saludable no solo es posible, sino también un derecho” finaliza Olave.