Las denuncias ante la Superintendencia de Educación por maltrato entre alumnos representan cerca del 70% del total de ingresos al sistema. Por esto, especialistas de Iplacex defienden la necesidad de un «brazo operativo» que vaya más allá del rol administrativo para humanizar la escuela y socializar a las familias.
Los recientes y graves episodios de violencia escolar registrados en el país, como el trágico ataque ocurrido en Calama y las más de 700 denuncias recibidas por Fiscalía con amenazas de posibles tiroteos, han encendido las alertas sobre la eficacia de los actuales protocolos de seguridad y convivencia. Ante este escenario, surge una propuesta académica y profesional: la profesionalización de un especialista o técnico en Convivencia Escolar como el eslabón que falta para una prevención real y socioemocional en el sistema educativo chileno.
Según datos de la Superintendencia de Educación, las denuncias relacionadas con la convivencia escolar se han convertido en el foco crítico del sistema, representando entre el 60% y 70% de los ingresos totales. Solo las quejas por maltrato entre estudiantes alcanzan cifras históricas que oscilan entre los 12.000 y 14.000 casos anuales, evidenciando que los manuales de convivencia existentes –presentes en el 99% de los establecimientos– no están siendo suficientes en la práctica.
Un estudio del Centro de Políticas Públicas de la UC indica que, aunque el 99% de los colegios tiene un «Manual de Convivencia», menos del 40% de los docentes se siente capacitado para aplicar estrategias de resolución de conflictos no punitivas.
La importancia de un técnico como un «brazo operativo»
Para la directora de la Escuela de Educación de Iplacex [1], Ana María Tello, la solución no pasa solo por medidas punitivas, como detectores de metales, sino por robustecer el equipo humano. «El encargado de Convivencia Escolar, muchas veces un docente con carga administrativa excesiva y no puede generar un plan efectivo solo. Necesita brazos, una operación en terreno que atienda desde el primer al cuarto ciclo de forma diferenciada», explica.
Es aquí donde el perfil del técnico en Convivencia Escolar cobra relevancia en los establecimientos educacionales. A diferencia del antiguo concepto de «inspector», este nuevo profesional es formado con un sello de bienestar emocional y herramientas de inclusión, preparado para actuar como el primer mediador entre el conflicto, el estudiante y su familia.
La Escuela como primera institución socializadora
De acuerdo con la doctora en educación, la escuela debe retomar su rol como la primera institución socializadora, especialmente en un contexto donde muchas familias se encuentran fragmentadas o sin redes de apoyo. «La escuela no puede ser un depósito social donde los niños son dejados mientras los padres trabajan. El técnico especialista socializa no solo al estudiante, sino también a la familia, orientándolos hacia recursos de salud mental y mediación que hoy desconocen», subrayan desde Iplacex.
La integración de técnicos en Convivencia Escolar en la planta reconocida por el Ministerio de Educación se presenta como una solución de costo-eficiente y alto impacto social. «Necesitamos profesionales que estén en el patio, que detecten el bullying silencioso y que trabajen con la realidad sociocultural actual, y no con un ideal de sociedad que ya no existe», concluye la especialista.