Investigación de FIDH y Truth Hounds denuncia un sistema global de trata de personas presuntamente articulado por Rusia que ha llevado a más de 27.000 ciudadanos de 130 países al frente de batalla.
Rusia ha institucionalizado un sistema global de reclutamiento depredador que ha captado a más de 27 mil ciudadanos extranjeros de 130 países para su guerra contra Ucrania hasta abril de 2026, de acuerdo a un informe publicado por la Federación Internacional por los Derechos Humanos (FIDH), Truth Hounds y el Buró Internacional de Kazajistán para los Derechos Humanos.
El reporte difundido este miércoles afirma que Moscú utiliza el engaño, la coacción y la explotación de la pobreza para alimentar su maquinaria bélica con personas en condiciones de vulnerabilidad socioeconómica y jurídica.
Esta estrategia busca reponer las cuantiosas bajas en el campo de batalla sin recurrir a una movilización interna masiva que resultaría políticamente costosa para el Kremlin.
La investigación conjunta, basada en nueve meses de entrevistas con prisioneros de guerra y análisis de fuentes abiertas, concluye que estas prácticas constituyen un delito transnacional.
El documento señala que el Kremlin ha organizado y supervisado un esquema que cumple con los criterios constitutivos de trata de personas establecidos en el Protocolo de Palermo, al combinar el acto de reclutamiento con medios como el engaño y la coacción con el propósito final de la explotación.
Alexis Deswaef, presidente de la FIDH, señala que el informe revela «que el uso de combatientes extranjeros por parte de Rusia no es un fenómeno ni marginal ni espontáneo».
«Rusia ha creado un sistema de reclutamiento global que se dirige deliberadamente a las poblaciones más vulnerables, como migrantes indocumentados, detenidos, trabajadores en situación precaria o incluso estudiantes extranjeros, en decenas de países de Asia, África y América Latina”, afirmó.
Engaño y coacción como herramientas de guerra
Los reclutadores rusos han diversificado sus tácticas para atraer a migrantes laborales y estudiantes, ofreciendo inicialmente empleos civiles en construcción, seguridad o limpieza con sueldos que superan ampliamente los de sus países de origen.
No obstante, al llegar a territorio ruso, los candidatos suelen ser forzados a firmar contratos militares redactados exclusivamente en ruso, un idioma que la mayoría no comprende, y en circunstancias que hacen imposible cualquier negativa.
“Muchos de estos hombres sabían, en cierta medida, a qué se estaban comprometiendo. Pero a algunos también se les engañó o se les coaccionó. En todos los casos, sin embargo, es un Estado el que los ha instrumentalizado como parte de su maquinaria bélica y los ha enviado a las posiciones más peligrosas en el frente”, explica Deswaef de la FIDH.
El frente de batalla y las «oleadas de carne de cañón»
Una vez integrados en las Fuerzas Armadas de Rusia, los reclutas extranjeros reciben apenas unas semanas de instrucción básica antes de ser enviados a las zonas de combate más intensas.
El informe documenta que estos combatientes son frecuentemente asignados a los denominados «asaltos de carne de cañón», ataques frontales de alto riesgo destinados a identificar posiciones ucranianas y agotar sus defensas.
“A pesar de que muchos Estados están tomando medidas para frenar el reclutamiento, y aunque Rusia afirma que ya no recluta a ciudadanos de ciertos países, el reclutamiento predatorio continúa. Las autoridades ucranianas prevén que en 2026 Rusia reclutará a más de 18 500 ciudadanos extranjeros, lo que supondría la cifra anual más alta desde 2022”, afirmó Maria Tomak, investigadora asociada y experta en defensa de los derechos humanos de Truth Hounds.