El Día Mundial de las Aves Migratorias se celebra el segundo sábado de mayo y octubre de cada año. El lema de este 2026 es «Cada ave cuenta, tus observaciones importan», pero ¿por qué es importante conmemorar este día en la Región de Los Lagos?
Vivimos en un entorno privilegiado, con ecosistemas costeros altamente productivos, es decir, un gran festín para una serie de aves playeras migratorias que hacen de esta región su refugio en sus períodos no reproductivos. Reproductores boreales, como el Zarapito de pico recto o Zarapito común y reproductores australes como el Chorlo Chileno o Chorlo de doble collar usan las playas y humedales, para alimentarse y descansar.
Usar el planeta como casa implica grandes desafíos para la sobrevivencia y reproducción de las especies, pero al mismo tiempo las vuelve especialmente sensibles a los cambios. Hoy, la pérdida y degradación de hábitats, la contaminación, la expansión de especies exóticas invasoras (como perros y gatos), y la creciente presión de las actividades recreativas en las playas, entre otros, no sólo amenazan su supervivencia, sino que también deterioran la capacidad de las aves playeras para volver a sus sitios de reproducción en las condiciones físicas necesarias para completar sus migraciones. Por eso es cada vez más común observar individuos en «sobreveraneo» o «oversummering», es decir, permanecen más del tiempo en sus sitios no reproductivos. O incluso, modificando sus patrones migratorios, como en el caso de los Zarapitos de pico recto que pasan sus temporadas reproductivas en la pampa Argentina.
Si pensamos en especies migratorias australes, como el Chorlo chileno, ya hay sitios con grandes concentraciones que están derechamente desapareciendo, como ocurre en la zona de La Vara, en Puerto Montt. ¿Y cómo sabemos eso? Gracias a la comunidad organizada en torno a las aves, que desde hace años sube de manera sistemática sus observaciones a plataformas de ciencia ciudadana como eBird. Es por eso que, además de la ciencia formal, el trabajo de las y los observadores de aves nos permite rastrear este y otros fenómenos. El día mundial de las aves migratorias es también una gran actividad de censo en tiempo real a escala planetaria.
Desde nuestro trabajo, hemos sido testigos de cómo estos cambios dejan huellas en las playas y humedales que recorremos año a año. No se trata sólo de gráficos o modelos, sino de bandadas que disminuyen, de sitios que se silencian y de comunidades humanas que también pierden parte de su identidad costera. Por eso, cuando salimos a contar aves, a tomar datos o a conversar con las personas que comparten estos paisajes, no sólo hacemos ciencia: tejemos vínculos y construimos memoria colectiva sobre aquello que aún estamos a tiempo de cuidar.
En nuestra labor como científicas, no basta con investigar más y mejor: también debemos ser capaces de usar estas herramientas para responder preguntas que, el día de mañana, permitan generar información clave para conservar sitios que son fundamentales en los ciclos de vida de las especies. En un ambiente de cambio constante y permanente amenaza, la colaboración es la clave. Debemos incluir a la ciudadanía y ser mejores comunicadores de la ciencia, porque «no se puede defender lo que no se ama y no se puede amar lo que no se conoce».