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Parto respetado: una necesidad de salud mental. Por Mariana Gallardo, académica Escuela de Obstetricia y Neonatología UDP.

Cada año, la Semana Mundial del Parto Respetado nos invita a reflexionar sobre cómo estamos acompañando a las mujeres y personas gestantes durante uno de los momentos más trascendentales y vulnerables de sus vidas. Sin embargo, hablar de parto respetado no es solamente hablar del momento del nacimiento. Es también hablar de salud mental perinatal, de prevención de depresión posparto y de las consecuencias que puede tener la violencia obstétrica sobre la experiencia de maternar.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha advertido que muchas mujeres alrededor del mundo experimentan maltrato durante la atención obstétrica, incluyendo procedimientos sin consentimiento, humillaciones, infantilización, abandono o violencia verbal. Lejos de tratarse de hechos aislados, la violencia obstétrica constituye actualmente un problema de salud pública y de derechos humanos.

En Chile, las cifras son particularmente preocupantes. El estudio de Manuel Cárdenas Castro y Stella Salinero Rates, publicado en la Revista Panamericana de Salud Pública, mostró que el 79,3% de las mujeres encuestadas percibió haber vivido violencia obstétrica durante su atención. Los hallazgos evidencian experiencias de maltrato, falta de información, pérdida de autonomía y trato deshumanizado durante la atención del parto, reflejando que la violencia obstétrica continúa siendo una problemática relevante en los servicios de salud chilenos.

Estas experiencias no solo afectan el recuerdo del parto. La evidencia científica actual muestra que los partos traumáticos y las experiencias de violencia obstétrica aumentan significativamente el riesgo de ansiedad, depresión posparto y trastorno de estrés postraumático perinatal.

La Organización Mundial de la Salud estima que aproximadamente un 10% de las mujeres embarazadas y un 13% de las mujeres en posparto presentan trastornos de salud mental, principalmente depresión y ansiedad, cifras que aumentan en contextos de mayor vulnerabilidad social. En Chile, la Encuesta Nacional de Salud, Sexualidad y Género (ENSSEX 2022-2023) reportó que un 24,7% de las mujeres sospechó haber vivido depresión posparto y un 9,3% recibió un diagnóstico médico formal, mientras que solo un 60% accedió a tratamiento.

La psiquiatra perinatal Ibone Olza ha desarrollado ampliamente esta relación entre experiencia de parto y salud mental. Desde el Instituto Europeo de Salud Mental Perinatal, Olza plantea que el embarazo, el parto y el puerperio constituyen períodos de enorme sensibilidad psíquica y neurobiológica, donde el acompañamiento emocional y el trato recibido tienen efectos directos sobre el bienestar materno En sus publicaciones, además, enfatiza que las mujeres no solo recuerdan lo que ocurrió clínicamente durante el parto, sino especialmente cómo fueron tratadas, escuchadas y acompañadas en ese proceso.

Hablar de parto respetado no significa rechazar las intervenciones médicas cuando son necesarias. Significa entender que la seguridad física y el bienestar emocional deben ir de la mano. Porque cuando una mujer vive su parto desde el miedo, la desinformación o la pérdida de control, esa experiencia no termina al momento del nacimiento. Muchas veces deja huellas silenciosas que pueden acompañar el puerperio, afectar la vivencia de la maternidad y dificultar el encuentro emocional con ese hijo o hija que recién comienza la vida.

Aunque la infancia no depende exclusivamente de la experiencia de parto, existe evidencia de que los trastornos mentales perinatales pueden afectar las interacciones tempranas madre-hijo, la sensibilidad materna y algunos aspectos del desarrollo emocional infantil. Por eso, proteger el bienestar emocional de quienes gestan y maternan también constituye una forma de proteger el inicio de la vida.

En este contexto, iniciativas como la Red Chilena de Salud Mental Perinatal han contribuido a visibilizar la importancia de integrar la salud mental en la atención perinatal y a promover una mirada más humanizada y respetuosa hacia el nacimiento.

La Semana Mundial del Parto Respetado debiera invitarnos a reflexionar sobre cómo estamos acompañando a las mujeres en uno de los momentos más importantes y vulnerables de sus vidas. El nacimiento no puede seguir siendo entendido solo como un procedimiento clínico, porque la forma en que una mujer es tratada, escuchada y acompañada marca profundamente su experiencia de maternidad y el inicio del vínculo con su hijo o hija. Un puerperio invisibilizado, vivido en soledad o desde el sufrimiento emocional, puede hacer una gran diferencia en este proceso. Hablar de parto respetado es, finalmente, hablar de derechos humanos, dignidad y cuidado desde el comienzo de la vida.

 

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