Como matrona y académica del área de neonatología con enfoque en salud mental perinatal quiero invitar a reflexionar sobre la donación de la leche materna, su valor y el desafío que aún tenemos como país. A nivel internacional, las recomendaciones son claras en afirmar que el mejor alimento para un recién nacido es siempre la leche de su propia madre; en segundo lugar, la leche materna donada; y en último término la fórmula artificial. Este orden no es arbitrario, sino que responde a la evidencia científica sobre los beneficios nutricionales, inmunológicos y emocionales de la leche humana.
Este es un acto por el que es necesario agradecer profundamente a las madres donantes. Su gesto representa altruismo, generosidad y amor en su forma más concreta, porque cada gota de leche puede significar la diferencia entre la vida y la muerte para un recién nacido prematuro o enfermo.
La evidencia demuestra que la leche materna, ya sea propia o donada, reduce de manera importante complicaciones graves como la enterocolitis necrotizante, una enfermedad de alta mortalidad en recién nacidos prematuros. Asimismo, protege contra infecciones y favorece el desarrollo integral del niño o niña.
Además, en el contexto de salud mental perinatal, para madres que han vivido una muerte gestacional o neonatal, donar leche puede transformarse en una experiencia reparadora, permitiendo resignificar el dolor y otorgar sentido a su maternidad a través del cuidado de otros.
En Chile, el Banco de Leche Materna del Hospital Sótero del Río es un ejemplo concreto del impacto de esta práctica. En diez años desde su creación, ha logrado beneficiar a más de 1.800 recién nacidos, recolectar más de 8.400 litros de leche materna y contar con más de 1.100 madres donantes. Su trabajo ha permitido disminuir patologías graves en prematuros, poniendo en evidencia el rol de la leche materna como intervención sanitaria de alto impacto.
Sin embargo, es el único banco de leche materna con que cuenta nuestro país, lo que limita el acceso a este recurso vital para muchos recién nacidos a lo largo de las distintas regiones. Otros países sudamericanos cuentan con redes de bancos de leche humana. Brasil, por ejemplo, posee la red más grande del mundo, con cientos de bancos y centros de recolección, habiendo beneficiado a más de 4 millones de recién nacidos. Argentina tiene alrededor de 10 bancos de leche humana, que benefician a miles de recién nacidos cada año. En este país, experiencias como la del Hospital Pediátrico Dr. Notti en Mendoza han impulsado estrategias innovadoras, incluyendo el abordaje de lactancias en internación pediátrica y la recolección domiciliaria de leche, facilitando la donación y ampliando la cobertura.
En Chile, la legislación reconoce que toda madre tiene derecho a amamantar y también a donar su leche de manera voluntaria, lo que posiciona esta práctica como un acto solidario y un derecho protegido. Sin embargo, la brecha entre este reconocimiento y la disponibilidad real de bancos de leche evidencia una deuda en salud pública. Hoy, el desafío es fortalecer una red nacional de bancos de leche materna que garantice equidad en el acceso, especialmente para recién nacidos prematuros y de alto riesgo en todo el país.
Hago un llamado al sector público, privado y académico a visibilizar esta práctica y avanzar en soluciones concretas. El desarrollo de nuevos bancos podría fortalecerse a través de financiamiento compartido, alianzas estratégicas y redes de apoyo interinstitucional, promoviendo iniciativas como centros de recolección, transporte seguro de leche y, eventualmente, programas de donación domiciliaria.
Este esfuerzo conjunto permitiría aumentar la cobertura, mejorar la equidad en el acceso y asegurar que más recién nacidos y sus familias puedan beneficiarse de la leche materna donada, independientemente del lugar donde nazcan. Esta es una responsabilidad país con la primera infancia.