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Migrar para vivir: el viaje silencioso de las aves. Por Yanina Poblete Académica investigadora Facultad de Medicina Veterinaria y Agronomía Universidad de Las Américas

Cada año miles de aves migratorias llegan a Chile tras recorrer distancias que parecen imposibles. Algunas cruzan continentes y otras se desplazan dentro del país. Todas dependen de humedales, costas y ríos para descansar, alimentarse y continuar su viaje. En esos trayectos silenciosos se revela una verdad profunda: los ecosistemas están conectados y lo que ocurre en un territorio impacta mucho más allá de sus fronteras.

Las aves migratorias no solo enriquecen nuestros paisajes, también nos entregan señales. Son indicadores vivos de lo que ocurre en el ambiente. Cuando sus rutas cambian o sus poblaciones disminuyen, algo se está alterando. La pérdida de humedales, la contaminación, el avance urbano, la presencia de mascotas sin control y el cambio climático, modifican aceleradamente los espacios que sostienen sus ciclos de vida. Chile ha impulsado iniciativas relevantes para su protección, reconociendo su valor ecológico y cultural. Sin embargo, el escenario actual exige ir más allá: integrar conocimiento científico, gestión pública y participación ciudadana.

Desde el enfoque One Health, las aves migratorias adquieren un rol aún más relevante. Algunas especies pueden actuar como centinelas, permitiendo observar cambios en la salud de las aves y de los ecosistemas para anticipar riesgos. Un ejemplo cercano es el cisne de cuello negro, ejemplar emblemático del sur de Chile. Su presencia forma parte del paisaje, la memoria e identidad de territorios como el Santuario de la Naturaleza Carlos Anwandter en Valdivia, donde se han convertido en símbolo de la riqueza y fragilidad de los humedales.

Desde el punto de vista ecológico, cumplen un rol importante en los ecosistemas acuáticos y, al mismo tiempo, pueden actuar como especies centinelas: su estado de salud, desplazamientos y cambios poblacionales, entregan señales tempranas sobre la condición del ambiente. Cuidar a los cisnes no es solo proteger una especie carismática, es también resguardar los humedales, la biodiversidad y la relación cultural que las comunidades han construido con estos paisajes.

A través del Centro de Modelamiento y Perspectiva One Health (CEMPOH), se está impulsando una alianza intersectorial con CONAF, SAG, el Centro de Humedales del Río Cruces (CEHUM), el Laboratorio de Ecología de Aves de la Universidad Austral de Chile y el Laboratorio de Enfermedades Infecciosas de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Esta colaboración ha permitido iniciar un monitoreo sistemático de la especie, integrando información ecológica, sanitaria y territorial. Su objetivo es comprender mejor cómo se conectan la salud de la fauna, los humedales y las comunidades, para avanzar hacia la toma de decisiones preventivas que favorezcan la salud en su conjunto y la conservación de esta especie y su hábitat.

Valorar las aves migratorias es reconocer que cada vuelo expresa una red de vida que sostiene nuestro bienestar. En tiempos de cambio, la ciencia, la educación y la colaboración son esenciales. Cuidar sus rutas migratorias, es también cuidar nuestro futuro.

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