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La familia nos envía una señal de alerta. Por María Vinka Moyano, Académica de Vinculación con el Medio, Observatorio para la Familia, Universidad San Sebastián

Muchos hablan hoy de una “crisis de la familia”. Pero tal vez lo que realmente está cambiando no es su valor, sino sus formas. Vemos una disminución de la natalidad y de los matrimonios, un aumento de hogares unipersonales y de uniones de hecho, más personas mayores viviendo en residencias y a niños y adolescentes que aún esperan un hogar donde recibir protección.

Sin embargo, pese a todas estas transformaciones, la familia sigue siendo ese espacio privilegiado donde se construyen los vínculos más significativos de la vida; donde los afectos nutren, sostienen y permiten que cada persona pueda crecer con dignidad y convertirse en un aporte real para la sociedad.

Hoy, más que nunca, necesitamos fortalecer la vida familiar. Y eso comienza en lo cotidiano: en la capacidad de escuchar, en los pequeños gestos de cuidado, en el tiempo compartido, en la preocupación genuina por el otro. En una sociedad marcada muchas veces por la prisa y las exigencias económicas, se vuelve urgente promover una verdadera conciliación entre trabajo y vida familiar, una corresponsabilidad al interior del hogar y una cultura que vuelva a poner a la persona en el centro.

Debemos tomar conciencia de que nuestra sociedad está envejeciendo y que necesitamos mirar a las personas mayores como un tesoro de experiencia, memoria y amor; debemos ser capaces de abrir el corazón y el hogar a quienes más lo necesitan, especialmente a niños y adolescentes que carecen de una familia donde sentirse acogidos.

La familia no está desapareciendo. Nos está enviando una señal de alerta. Nos invita a detenernos, a mirarnos nuevamente, a reconstruir vínculos y a comprender que ninguna tecnología, éxito económico o avance social puede reemplazar la necesidad profundamente humana de amar y ser amado.

Porque, al final, allí donde hay amor, diálogo, respeto y cuidado mutuo, sigue existiendo familia.

Por María Vinka Moyano, Académica de Vinculación con el Medio, Observatorio para la Familia, Universidad San Sebastián

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