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Casarse o no después de los 50: abogada advierte claves legales que muchas parejas desconocen

Este sábado 30 de mayo, el campo deportivo Refinería Concón será escenario de una nueva jornada abierta a la comunidad, que pondrá en valor la historia de la Hacienda Concón Bajo, fue hospital de campaña durante la Guerra Civil de 1891, y el patrimonio arqueológico del sector.

El aumento de matrimonios en edades más avanzadas abre nuevas preguntas sobre patrimonio, herencias y protección legal. La académica de Derecho de la Universidad Andrés Bello, María José Castro, explicó los principales riesgos y recomendaciones antes de dar el paso.

Cada vez más personas deciden rehacer su vida en pareja después de los 50 años. Sin embargo, más allá del aspecto emocional, especialistas advierten que el matrimonio en esta etapa implica efectos legales y patrimoniales que muchas veces no son considerados hasta que surgen conflictos familiares o sucesorios.

Según explica María José Castro Acosta, académica de la Clínica Jurídica de la Facultad de Derecho de la Universidad Andrés Bello, sede Santiago, casarse en una etapa avanzada de la vida tiene diferencias importantes respecto de quienes lo hacen a edades más tempranas.

“A diferencia de las parejas jóvenes, quienes se casan después de los 50 generalmente ya tienen patrimonio propio, hijos de relaciones anteriores y estructuras familiares más complejas. Por eso, el matrimonio también debe entenderse como una decisión jurídica y patrimonial”, señala.

Uno de los principales aspectos a considerar es que el matrimonio genera efectos legales automáticos que no existen en una convivencia informal. Entre ellos, derechos hereditarios, obligaciones económicas recíprocas y la definición de un régimen patrimonial.

“La convivencia por sí sola no genera un estatuto jurídico completo. Muchas veces se requieren actos adicionales, como testamentos o contratos, para producir efectos similares a los del matrimonio”, explica la académica.

En Chile, si la pareja no pacta un régimen distinto, el matrimonio queda sujeto por defecto a sociedad conyugal, lo que puede implicar que ciertos bienes adquiridos durante la unión pasen a formar parte de un patrimonio común.

Por ello, Castro recomienda analizar previamente alternativas como la separación de bienes o las capitulaciones matrimoniales, especialmente cuando ambas personas ya poseen activos, inversiones o sociedades previas.

“Es fundamental revisar la situación patrimonial antes de casarse. No solo hablamos de bienes, sino también de deudas, herencias futuras y responsabilidades familiares”, indica.

Otro de los temas sensibles son las herencias cuando existen hijos de relaciones anteriores. En estos casos, el cónyuge sobreviviente comparte derechos hereditarios con los hijos, situación que suele convertirse en fuente de conflictos si no existe planificación previa.

“El cónyuge hereda junto con los hijos y no puede excluirse a estos últimos. Por eso, herramientas como el testamento son clave para ordenar adecuadamente la sucesión”, afirma.

La académica agrega que muchos conflictos en matrimonios tardíos se relacionan con disputas por bienes adquiridos durante la relación, diferencias en aportes económicos o tensiones entre familias ensambladas.

“Estos problemas suelen intensificarse cuando no hubo acuerdos claros antes del matrimonio. La planificación jurídica ayuda precisamente a prevenir conflictos futuros”, sostiene.

Pese a ello, Castro enfatiza que el matrimonio sigue entregando beneficios legales relevantes frente a otras formas de convivencia, especialmente en materias como pensiones de sobrevivencia, derechos de alimentos y protección frente a enfermedad o incapacidad.

“Muchas de esas protecciones no se obtienen automáticamente en relaciones de convivencia. El matrimonio sigue siendo una herramienta jurídica importante”, concluye.

La especialista recalca que la decisión no debe basarse únicamente en el temor a eventuales problemas patrimoniales, sino en contar con información clara y asesoría adecuada.

“Casarse después de los 50 no es solo una decisión emocional. También es una decisión jurídica. La clave está en tomarla con acuerdos claros y planificación”, finaliza.

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