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Porcentajes que se aprenden, decisiones que se transforman. Por Pamela Reyes Académica investigadora Facultad de Educación Universidad de Las Américas

Con una trayectoria cercana a los cien años formando profesionales, la PUCV pone a disposición de los estudiantes espacios presenciales y digitales para resolver dudas sobre carreras, puntajes y vida universitaria.

El porcentaje es uno de esos conceptos matemáticos que atraviesa nuestra vida cotidiana. Está en las compras del supermercado cuando evaluamos descuentos, en las ofertas, en los intereses de un crédito o en el rendimiento de una inversión. Es una herramienta que usamos casi sin darnos cuenta, pero que al mismo tiempo sostiene análisis altamente especializados. Traducir cantidades a una medida común, nos permite comparar lo incomparable y tomar decisiones informadas que van desde las más simples, hasta las más complejas.

Calcular porcentajes es una habilidad que puede abordarse de múltiples maneras. La clásica regla de tres sigue vigente porque la hemos practicado tantas veces que se ha convertido en una aliada confiable, ya que es clara, estructurada y poderosa. No la hemos olvidado precisamente porque funciona. Sin embargo, no es la única forma de hacerlo. Existen estrategias mentales rápidas, descomposición en fracciones conocidas, estimaciones y uso inteligente de referencias como el 10%, el 50% o el 25%, que permiten calcular con agilidad incluso sin calculadora.

Este aprendizaje comienza formalmente en sexto básico y acompaña a las y los estudiantes durante toda su formación escolar, técnica y universitaria. Pero sería un error pensar que parte de cero, mucho antes, en los primeros años escolares, se construyen las bases para comprender el porcentaje con las nociones básicas de la proporcionalidad, la división y la multiplicación, que permiten una comprensión profunda.

Más allá del cálculo, el porcentaje cumple un rol fundamental en la comparación y en la interpretación de la incertidumbre. Investigaciones muestran su uso para expresar la posibilidad de lluvia, el riesgo de enfermar o la probabilidad de ganar en un juego. La trayectoria específica de este aprendizaje comienza con las intuiciones informales, de poco probable o muy probable, hacia un pensamiento más abstracto que utiliza lenguaje matemático, que es el porcentaje. Entonces, este se convierte en un concepto clave para comprender y expresar la probabilidad de situaciones azarosas.

En esta tarea, el rol de los docentes de matemáticas de Educación Básica es clave e insustituible: son quienes median entre la experiencia cotidiana del estudiantado y el lenguaje matemático formal.

Aprender porcentajes no puede ser un trámite ni una materia que se supera solo para aprobar una prueba. Implica saber cómo se calculan, comprender qué significan realmente y reconocer su impacto en nuestras decisiones diarias.

Entenderlos es una forma concreta de alfabetización matemática y ciudadana, nos protege de engaños, permite comparar con sentido crítico y proporciona herramientas para interpretar el mundo que habitamos.
Aprenderlos en serio, es aprender a leer la realidad con más claridad y autonomía.

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