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IA y finanzas personales: entre la eficiencia y el riesgo. Por Edgardo Fuentes Cáceres – Director Ingeniería en Ciberseguridad, UNAB

Con una trayectoria cercana a los cien años formando profesionales, la PUCV pone a disposición de los estudiantes espacios presenciales y digitales para resolver dudas sobre carreras, puntajes y vida universitaria.

La irrupción de la inteligencia artificial en la vida cotidiana ha encontrado en las finanzas personales uno de sus territorios más fértiles.

Cada vez resulta más natural recurrir a estas herramientas para resolver dudas sobre gastos, planificar ahorros o entender mejor el propio comportamiento financiero. Su uso está pasando rápidamente de ser una curiosidad tecnológica a una práctica cotidiana.

En este contexto, la inteligencia artificial se presenta como una herramienta poderosa de apoyo. Su principal fortaleza radica en la capacidad de traducir información compleja en decisiones comprensibles, accesibles y, sobre todo, inmediatas. Lo que antes requería asesoría especializada hoy puede resolverse en segundos mediante una conversación, democratizando el acceso al conocimiento financiero. A ello se suma su capacidad creciente para analizar datos reales: la integración con cuentas bancarias permite detectar patrones de gasto, comparar periodos y ofrecer recomendaciones personalizadas en tiempo real. Así, la IA no solo informa, sino que también orienta, ahorra tiempo y contribuye a reducir la incertidumbre que muchas personas experimentan al tomar decisiones económicas.

Sin embargo, esta misma facilidad es la que obliga a detenerse y reflexionar. La confianza depositada en estos sistemas puede derivar en una dependencia excesiva. La inteligencia artificial, por avanzada que sea, no está exenta de errores ni de limitaciones. Expertos advierten que su uso en el ámbito financiero enfrenta desafíos importantes en términos de precisión, regulación y seguridad, particularmente en áreas críticas donde el margen de error debe ser mínimo.

A esta preocupación se suma un elemento aún más delicado: la privacidad de los datos. La posibilidad de conectar cuentas bancarias a sistemas de inteligencia artificial marca un punto de inflexión, ya que implica compartir información altamente sensible, como ingresos, gastos, deudas e inversiones. Si bien las integraciones actuales operan bajo esquemas de seguridad y acceso limitado, por ejemplo, sin permitir movimientos de dinero, el solo hecho de centralizar estos datos en sistemas externos plantea interrogantes sobre su protección y uso futuro. La preocupación no es solo técnica, sino también ética.

En consecuencia, el debate no gira únicamente en torno a lo que la inteligencia artificial puede hacer, sino a lo que estamos dispuestos a permitirle hacer. La evidencia muestra que la adopción de estas herramientas está directamente ligada a la confianza, y que una gran parte de los usuarios exige mayor transparencia y control sobre sus datos y sobre las decisiones sugeridas por la IA. Esto revela que, aunque el avance tecnológico es innegable, su consolidación depende menos de la innovación en sí misma y más de la percepción de seguridad que logre transmitir.

Así, el uso de la inteligencia artificial en la gestión financiera se sitúa en un punto intermedio entre la oportunidad y el riesgo. Por un lado, ofrece una posibilidad inédita de comprender y optimizar la economía personal con herramientas antes inaccesibles; por otro, introduce nuevas vulnerabilidades que no pueden ser ignoradas. El desafío, entonces, no está en rechazar la tecnología ni en adoptarla sin cuestionamientos, sino en aprender a utilizarla con criterio.

Por ello, el uso responsable de estas herramientas exige adoptar prácticas de resguardo básicas pero fundamentales. Entre ellas, evitar compartir información excesivamente detallada cuando no sea necesario, utilizar contraseñas seguras y autenticación en dos pasos en las cuentas asociadas, revisar periódicamente los permisos otorgados a aplicaciones externas y, sobre todo, mantener una actitud crítica frente a las recomendaciones recibidas. Asimismo, es recomendable entender las políticas de privacidad de la plataforma utilizada y aprovechar las opciones de control de datos disponibles, como la eliminación de historiales o la desconexión de servicios vinculados.

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