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Las casas se reconstruyen; la confianza en el Estado no siempre. Por Nicolás Farfán, Sociólogo, Máster por la Universidad Complutense de Madrid, Certificación de Experto en Dirección y Gestión de Proyectos BID

La primera Cuenta Pública del Presidente Kast tuvo un eje conductor claro: la reconstrucción. Sin embargo, para quienes vivimos en regiones, el concepto tiene un significado mucho más concreto, saber cuántas soluciones llegarán efectivamente a las personas y con qué prontitud.

En la Región de Valparaíso son miles de familias las que han sido afectadas por los incendios de 2024 en Viña del Mar y Quilpué, y que aún esperan recuperar plenamente sus hogares y proyectos de vida.

Desde esta visión, uno de los anuncios más relevantes fue la asignación de recursos para avanzar en la reconstrucción de más de 4.000 viviendas afectadas por incendios, junto con el fortalecimiento de fondos de emergencia y medidas orientadas a acelerar procesos habitacionales.

El sociólogo francés Henri Lefebvre sostenía que las personas tienen un «derecho a la ciudad», entendiendo que esta no se compone únicamente de edificios o infraestructura, sino también de relaciones humanas, identidad y sentido de pertenencia.

La reflexión cobra especial relevancia tras los incendios. Cuando una familia pierde su vivienda, pierde también su historia, sus redes de apoyo y la vida cotidiana; situación que se conoce y se palpa profundamente en la Región de Valparaíso, donde además se perdieron seres queridos.

Lamentablemente los siniestros dejan en evidencia desde hace años fallas inaceptables de planificación, control y ejecución. A dos años de la catástrofe, urge contar con una institucionalidad más ágil, potente y coordinada, capaz de responder con rapidez y de planificar ciudades e infraestructura resilientes.

En este sentido, resulta positivo que la discusión avance hacia mecanismos permanentes de reconstrucción y gestión del riesgo. El debate se debe centrar en cómo implementar estas medidas, cómo financiarlas y cómo asegurar que las familias mejoren efectivamente y por fin su vida.

Algo queda claro: la solidaridad ciudadana siempre llega en horas; el Estado, no. La burocracia tardó semanas, meses y años, con errores que fueron, lamentablemente, demasiado comunes. Una vivienda es donde se construye familia, se encuentra la seguridad y el sentido de pertenencia.

Desde lo humano, la reconstrucción debe recuperar rápidamente la confianza de las personas. Ese será el verdadero indicador de éxito: no los discursos ni las ceremonias, sino los hechos; la certeza de que el Estado esta a la altura.

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