Más allá, el presidente habla de buena y mala investigación, señalando en la generación de empleo su punto de inflexión; más acá, acciones de despeje de las riberas del río Mapocho expulsan a las personas en situación de calle que se han instalado ahí, a falta de preocupación y respuestas donde hacerlo.
Más allá, alguien que se mueve desde el campo de lo político se arroga una capacidad de distinción que tiene en la evaluación por pares, históricamente hablando, su criterio de definición y al paso del tiempo a uno de sus mejores indicadores; más acá, funcionarios que actúan desde las lógicas de la seguridad y la penalización hacen lo propio, depositando en el prejuicio y la fuerza de la impresión, la posibilidad de distinguir entre quienes hacen uso de la calle para vivir y quienes lo hacen por otras razones.
Más allá, bibliotecas y libros, y antes la investigación y su reflexividad, son defenestradas bajo el calificativo de preciosos y la sospecha de la inutilidad, entreabriendo una puerta a otras operaciones ya no únicamente retóricas; más acá, años de trabajo invertidos en pro de la consideración y respeto de esta población como legítima otra son pasados a llevar, lo mismo que la investigación e intervención que ha tirado de esa hebra desde el mundo de las
organizaciones sociales y la actividad académica.
Entre medio, y a lo largo de todo su ancho, capas de complejidad y una multitud de factores van quedando a un lado, de la mano de la ignorancia y lo fácil que es desechar el conocimiento levantando la voz, simplificando el análisis o negándose a la discusión en base a la evidencia y los argumentos.
Mientras, y en medio de esa mitad como realidades quebradas sin conexión, los recortes presupuestarios se erigen como un valor en sí mismo, invisibilizando los intereses que empuñan sus cálculos de eficiencia y rentabilidad, y también la propia incapacidad regulatoria del mercado en cuanto al lucro o a su largo acumulado de corrupción y acción indebida.
Más allá, y al tiempo que las palabras pierden fondo al sindicarse no más que como figuras literarias, la palabra empeñada lo hace como promesa de campaña y la democracia, en tanto sostén que no sostiene, como institución de utilería o extensión corporativa no declarada; más acá, el retroceso del Estado sí se vive como esa no metafórica zanja para la discriminación que, como frontera interna o círculo de exclusión, impide preguntarnos dónde dormirán quienes así son expulsados otra vez, otra más.