Aunque muchas personas asocian la meditación con apagar los pensamientos, la evidencia muestra que su objetivo es distinto. Un especialista explica cómo esta práctica ayuda a manejar el estrés, reducir la ansiedad y mejorar la relación con las emociones.
«Dejar la mente en blanco» es probablemente una de las frases más repetidas cuando se habla de meditación. Sin embargo, para los especialistas, esa idea está lejos de describir lo que realmente ocurre durante esta práctica.
Nicolás Núñez Fernández, psicólogo, magíster en Neurociencia y docente de la Universidad Andrés Bello, explica que la meditación no busca eliminar los pensamientos ni impedir que aparezcan, sino aprender a observarlos de una manera diferente.
«Al meditar, no buscamos dejar la mente en blanco o distraernos, sino observar la actividad mental, suspendiendo momentáneamente el acto de etiquetar como bueno o malo aquello que surge en el momento, ya sea una emoción, un pensamiento o un impulso», señala.
Según el académico, uno de los principales desafíos de la meditación es precisamente aceptar que la mente seguirá produciendo pensamientos constantemente. La práctica consiste en reconocer cuándo la atención se ha desviado y regresar una y otra vez al momento presente, sin juzgar esa distracción.
«La práctica de la meditación consiste en entrenar esa capacidad de ‘dejar ir’ esta tendencia a juzgar, evaluar o evitar pensamientos o sentimientos, y poder estar presente con ellos sin juzgarlos», agrega.
Meditar no es lo mismo que relajarse
Otro error frecuente es pensar que meditar equivale simplemente a relajarse o desconectarse de las preocupaciones cotidianas.
El especialista señala que actividades como ver una serie, revisar redes sociales o conversar con amigos pueden generar bienestar y descanso, pero funcionan de manera distinta.
«En la meditación no buscamos una actividad que nos distraiga o nos estimule, buscamos entrenar la capacidad de estar en el momento y sostener el impulso a desconectarnos a través de distracciones», afirma.
Por esta razón, especialmente al inicio, meditar puede resultar exigente. Mantener la atención en la respiración o en otro foco durante varios minutos requiere esfuerzo mental y entrenamiento progresivo.
¿Por qué tantas personas recurren a la meditación para combatir el estrés?
El creciente interés por la meditación coincide con el aumento de problemas asociados al estrés, la ansiedad y el agotamiento laboral.
Según Núñez, los programas basados en mindfulness han mostrado resultados consistentes en personas con síntomas ansiosos, motivo por el cual han sido incorporados en diversas intervenciones psicológicas y programas de bienestar.
Sin embargo, advierte que no se trata de una solución instantánea.
«Una sola sesión de meditación no genera estos cambios, pero los programas de meditación dirigidos por un agente capacitado tienen un alto grado de efectividad en generarlos», explica.