Mientras millones de chilenos miramos por televisión el mundial de fútbol, en el mundo paralelo del resto de los deportes muchos nos hacemos una pregunta: ¿cuál es el plan del país para que esa pasión también se viva en canchas, plazas, colegios, pistas, clubes y espacios públicos?
El Mundial nos recuerda una contradicción: celebramos el deporte como espectáculo, pero todavía tenemos enormes dificultades para convertirlo en una práctica cotidiana, accesible y segura para la mayoría de las personas.
El propio presidente señaló en la Cuenta Pública que “el deporte es una escuela de carácter, enseña disciplina, perseverancia, responsabilidad, trabajo en equipo, respeto por las reglas y capacidad de superación”. Estoy completamente de acuerdo. Pero ahora, ¿cómo hacemos para abrir y potenciar los espacios deportivos públicos, garantizando su acceso real en horarios extendidos, con mantención digna y programas comunitarios que convoquen a niños, jóvenes y adultos mayores? ¿Y, al mismo tiempo, cuándo empezamos a trabajar en el mejoramiento de los procesos de las asignaciones de recursos públicos orientadas al deporte? Y sumado a lo anterior, en limitar el funcionamiento y privilegios de algunos actores, castigando de esta forma a quienes abusan y lo hacen mal.
El Mundial inspira, pero la inspiración no basta para conseguir que más niños entrenen, más clubes crezcan y Chile vuelva a estar presente en la escena internacional. Chile tiene la historia, la gente, el talento y la pasión. Y aquí está la comunidad deportiva dispuesta a dialogar y colaborar para que dejemos de mirar los grandes eventos deportivos desde lejos y empecemos a construir, desde la base, el camino hacia una sociedad donde el deporte es central.