¿Han de ser necesarias las Humanidades en la Medicina? ¿Conoce la Medicina al ser que trata de sanar? ¿Puede ser ésta ignorante de quién es o qué necesita la persona que es objeto de su labor? Estas preguntas y muchas más surgen de la convergencia de las Humanidades y la Medicina.
Porque la Medicina, si quiere ser fiel a su vocación más profunda (y muchas veces olvidada), no puede reducirse solo al conocimiento del cuerpo enfermo. Debe preguntarse también por el sujeto que habita ese cuerpo. No basta con conocer la fisiología, la anatomía o la farmacología si se desconoce el mundo interior de aquel que sufre. La enfermedad nunca ocurre en abstracto. La neumonía no ocurre en la radiografía de tórax ni en los exámenes de laboratorio, sino en un ser concreto, en una biografía determinada, en una historia familiar, social, espiritual y afectiva
Pero, ¿qué son las Humanidades? No son simplemente un conjunto de saberes antiguos, ni una colección de disciplinas destinadas al cultivo intelectual. Las humanidades son, ante todo, aquellas formas de conocimiento que buscan comprender al ser humano en su totalidad. Allí donde la ciencia mide, clasifica y explica, las humanidades preguntan por el sentido, la experiencia, la conciencia, la libertad, el sufrimiento, la belleza, la muerte y la esperanza.
Pertenecen a ellas la filosofía, la literatura, la historia, la antropología, el arte, la ética, la espiritualidad y todas aquellas disciplinas que intentan acercarse al misterio de la condición humana. No estudian al hombre como un objeto más dentro del mundo, sino como un ser que interpreta, ama, teme, recuerda, decide, escucha y anhela.
«La Medicina es la más humana de las ciencias, la más científica de las Humanidades y el más artístico de los oficios”. Esto nos indica la posición quiasmática (del griego chiasma que significa cruzado) como paradigma de interdependencia que se establece entre la Medicina y las Humanidades siendo ésta última fuente que proporciona significado, contexto y perspectiva para la situación del paciente.
Las Humanidades no alejan a la Medicina de la ciencia, sino que le recuerdan para quién existe. Y allí, en esa comprensión, la Medicina se vuelve no solo eficaz, sino también profundamente humana e íntegra.