El dolor de espalda afecta a 619 millones de personas en el mundo y es la principal causa de discapacidad global según la OMS. Especialistas advierten que una mala elección del colchón puede agravar el problema, y señalan los errores más frecuentes que cometen los consumidores al momento de comprar.
El dolor lumbar afecta a 619 millones de personas a nivel mundial según la Organización Mundial de la Salud (OMS) y se proyecta que los casos aumentarán a 843 millones hacia 2050, impulsado principalmente por el envejecimiento de la población. En ese contexto, la elección del colchón es una decisión que muchos toman en función del precio o de recomendaciones genéricas, sin embargo, tiene un impacto directo en la calidad del descanso y en la salud musculoesquelética a largo plazo.
La salud de la columna también se juega durante el sueño.
La evidencia científica posiciona el dolor lumbar como la principal causa de discapacidad a nivel mundial, y su relación con el sueño está bien documentada: las personas que duermen sobre superficies inadecuadas experimentan mayor frecuencia de microdespertares, tensión muscular acumulada y sensación de fatiga al despertar, incluso tras varias horas de descanso.
«Un colchón no solo influye en cómo dormimos, sino en cómo el cuerpo se recupera. Cuando no hay un soporte adecuado, el cuerpo compensa durante la noche, lo que puede generar microdespertares, tensión muscular y sensación de cansancio incluso después de dormir varias horas», señaló Regina Basulto, especialista en productos del sueño de Emma Colchones.
Errores más frecuentes al elegir dónde descansar
La evidencia sugiere que la calidad del soporte durante la noche, incluyendo el tipo de colchón, la distribución del peso corporal y la postura al dormir, puede influir directamente en la recuperación muscular y en la reducción de molestias físicas. Sin embargo, los consumidores suelen cometer errores que comprometen ese soporte desde el primer día.
Elegir únicamente por precio es el más extendido, ya que puede implicar menor durabilidad o soporte insuficiente para la columna. A eso se suma no considerar la postura habitual al dormir: las personas que duermen de lado, boca arriba o boca abajo requieren distintos niveles de firmeza. Un colchón demasiado blando o demasiado duro puede generar presión en articulaciones o acentuar el dolor lumbar existente. Otro error frecuente es no renovar el colchón a tiempo, ignorar la ventilación y temperatura de los materiales, omitir la revisión de la estructura interna, y usar almohadas inadecuadas que anulan el soporte cervical aun cuando el colchón sea de buena calidad.
«Muchas decisiones se toman en función de precio o recomendaciones generales, pero el descanso es altamente personalizado. La firmeza, los materiales y la ventilación deben responder a las necesidades específicas de cada persona», agregó Basulto.
Especialistas recomiendan cambiar el colchón cada 7 a 10 años para proteger la calidad del sueño
La evidencia recomienda reemplazar el colchón cada 7 a 10 años, dependiendo del uso y el desgaste visible. Sin embargo, la decisión no debería basarse solo en el tiempo transcurrido: señales como despertar con dolor, notar hundimientos o sentir el colchón irregular son indicadores de que el soporte ya no es adecuado, independientemente de la antigüedad del producto.
Por su parte, expertos coinciden en que el sueño es uno de los factores que más influye en la calidad de vida de las personas, ya que impacta directamente en el bienestar físico, mental y emocional. Por ello, la elección de un colchón debe entenderse como una inversión en salud y calidad de vida a largo plazo, priorizando las necesidades individuales y el descanso reparador por sobre las tendencias o las ofertas del momento.