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Más allá del “modelo chileno”: el origen del sismo en Venezuela

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Reynaldo Charrier, académico de Geología de la Universidad Andrés Bello (UNAB), explica que la actividad sísmica en Venezuela se produce como en Chile por el desplazamiento entre dos placas tectónicas. Sin embargo, en esa región norte del continente, el movimiento entre las placas es diferente.

El miércoles 24 de junio, a las 18:04 hora local, dos intensos sismos afectaron la parte norte de Venezuela con un intervalo de sólo 39 segundos entre uno y otro. El primero fue de magnitud 7,2 y el segundo de 7,5. Estos sismos ocurrieron a escasas profundidades de 10 y 20,3 km, respectivamente.

De acuerdo con Reynaldo Charrier, académico de Geología de la Universidad Andrés Bello (UNAB), la actividad sísmica en Venezuela se produce como en Chile por el desplazamiento entre dos placas tectónicas. Sin embargo, en esa región norte del continente, el movimiento entre las placas es diferente.

“En vez de chocar ‘frente a frente’ y hundirse una bajo la otra, como ocurre en nuestra región, las placas en la frontera norte del continente se desplazan lateralmente. Allá la placa Sudamericana se mueve también hacia el este, pero la otra placa, la Placa Caribe, ubicada hacia el norte de Sudamérica, se desplaza paralelamente al borde norte del continente”, explica el especialista.

Este desplazamiento hacia el este de la Placa Caribe respecto del borde norte del continente -sostiene Charrier- genera una zona de roce o cizalle con la formación de grandes fallas geológicas de orientación este-oeste. “A lo largo de estas fallas -que corresponden a grandes fracturas de la corteza terrestre- se produce el desplazamiento relativo de las placas, el cual se ve dificultado por el intenso roce que se produce en el contacto entre las dos”, sostiene.

“Esto hace que el desplazamiento a lo largo de estas fracturas se trabe y no sea continuo, pero una vez que la resistencia al roce es vencida, se produce la ruptura y el desplazamiento violento entre las placas. Ello genera una fuertísima vibración del suelo y de las rocas por las que ésta se desplaza, generando un sismo”, agrega el académico de la UNAB.

Charrier afirma que las fallas que permiten el desplazamiento relativo del continente Sudamericano y la Placa Caribe están bien estudiadas: “tienen una orientación casi este-oeste, tal como lo es el movimiento relativo entre ambas placas e, incluso, cada segmento de ellas tiene su propio nombre. Estos son, de oeste a este, las fallas de Oca-Ancón, San Sebastián y El Pilar”.

El experto comenta que, a lo largo de estas fallas -que forman una gigantesca fractura en la corteza de más de 1.000 km de largo-, el desplazamiento relativo es de unos 20 a 30 mm por año. “Este es un desplazamiento lento, pero, no continuo. El roce entre las placas Sudamericana y Caribe se vence finalmente después de largos intervalos de tranquilidad sísmica. En este, caso el intervalo promedio entre grandes sismos asociados a estas fallas es de unos 100 años: 1812, 1900 y 2026, y el desplazamiento total acumulado a lo largo de estas fallas, desde hace unos 15 millones de años, se ha podido estimar en unos 100 km”, finaliza.

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