Se advierte que muchas personas llegan a la educación superior y al mundo laboral sin saber que presentan esta dificultad del neurodesarrollo. La evidencia demuestra que una detección oportuna y las intervenciones adecuadas pueden mejorar significativamente la lectura, escritura y calidad de vida.
La dislexia es una condición del neurodesarrollo que afecta la lectura, la escritura y el procesamiento del lenguaje escrito, sin relación con el nivel de inteligencia de las personas. Aunque tradicionalmente se asocia a la infancia, especialistas advierten que esta condición puede mantenerse durante toda la vida y que miles de adultos enfrentan dificultades cotidianas sin haber recibido nunca un diagnóstico.
A nivel mundial, diversos estudios estiman que la dislexia afecta aproximadamente al 7% de la población. En Chile, si bien no existen registros nacionales específicos sobre su prevalencia en adultos, la cifra podría ser similar, lo que implica que una parte importante de la población podría presentar esta condición sin identificarla formalmente.
En la adultez, la dislexia suele manifestarse mediante una lectura más lenta, dificultades para redactar textos, errores ortográficos persistentes, problemas para organizar información escrita o un mayor cansancio frente a tareas de lectura prolongadas. Estas dificultades pueden repercutir en el desempeño académico, laboral y social, además de afectar la autoestima y la confianza personal.
La académica de la Escuela de Terapia Ocupacional de la Universidad Andrés Bello, Daniela Estobar, explica que “la dislexia no desaparece al terminar la etapa escolar. Muchas personas desarrollan estrategias para compensar las dificultades, pero continúan enfrentando desafíos importantes en actividades académicas, laborales y de la vida diaria que involucran la lectura y la escritura”.
La académica agrega que la falta de diagnóstico puede generar consecuencias que trascienden el ámbito educativo. “Es importante comprender que el impacto de la dislexia no se limita al rendimiento académico. También puede afectar la participación social, la inserción laboral y la percepción que las personas tienen de sus propias capacidades”, señala.
Se puede mejorar la condición
En adultos, las dificultades suelen manifestarse en lectura lenta, problemas para redactar textos, errores ortográficos frecuentes, dificultad para organizar información escrita o cansancio frente a tareas de lectura extensas.
La docente indica que evidencia científica actual demuestra que las habilidades lectoras y de escritura pueden fortalecerse incluso durante la adultez. Un estudio publicado en la revista Annals of Dyslexia evidenció mejoras significativas en lectura, escritura y procesamiento fonológico en adultos que participaron en programas de intervención lingüística especializada, lo que refuerza la importancia de la detección y el acompañamiento profesional.
“Reconocer estas trayectorias y generar apoyos adecuados permite reducir barreras y promover entornos más inclusivos. La identificación temprana, junto con estrategias de intervención adaptadas a cada persona, contribuye a mejorar la participación plena de quienes presentan dislexia y favorece una sociedad que valore las diversas formas de aprender, comunicarse y desenvolverse en la vida cotidiana”, concluye Estobar.